Michael Hingson, gerente regional de ventas ciego de nacimiento, evacuó la Torre Norte del World Trade Center el 11 de septiembre de 2001 junto a su perra guía Roselle y su colega David Frank. Descendió 78 pisos antes del colapso de las torres.
Michael Hingson, un hombre ciego de nacimiento, se encontraba en su escritorio en el piso 78 de la Torre Norte del World Trade Center cuando a las 8:46 del 11 de septiembre de 2001 un avión secuestrado impactó contra el edificio, 18 pisos más arriba.
Hingson trabajaba como gerente regional de ventas de Quantum ATL, empresa de almacenamiento informático. Había llegado a las 7:40 desde su casa en Westfield, Nueva Jersey. Esa mañana él y su compañero David Frank iban a conducir cuatro seminarios para 50 distribuidores y se disponían a enviar por fax la lista de asistentes.
Tras el impacto, la torre se inclinó. «Nos movimos unos seis metros», recordó Hingson en una entrevista con el podcast Dead Talks en 2025. La estructura se detuvo, recuperó su posición vertical y luego cayó otros dos metros. Roselle, la labrador de pelo rubio que lo guiaba, permanecía debajo del escritorio.
Hingson llamó a su esposa, Karen, para avisarle que evacuarían. Junto a Frank recorrieron las oficinas para verificar que no quedara nadie y comenzaron el descenso por las escaleras. Durante la bajada, Hingson reconoció el olor a combustible de aviación en llamas.
A unas 10 plantas de la salida, una mujer que bajaba detrás de ellos se detuvo y dijo que no podía continuar. Hingson y otros se volvieron. «Literalmente tuvimos un abrazo grupal ahí en las escaleras», contó a People. La mujer continuó el descenso.
En el piso 50, Frank expresó que no iban a lograrlo. Hingson le respondió: «Basta, David. Si Roselle y yo podemos bajar estas escaleras, tú también puedes». Frank se recompuso y caminó un piso por delante, anunciando a los gritos el número de piso y el estado del descenso desde el piso 47 hasta el 30.
Cerca del piso 30, un grupo de unos 50 bomberos subía en sentido contrario con equipos, cilindros de oxígeno y hachas. Uno se detuvo y ofreció asignarle un acompañante a Hingson, quien declinó y explicó que tenía a Frank y a Roselle. El bombero acarició a la perra y siguió subiendo. Hingson supo luego que 343 bomberos de Nueva York murieron ese día.
Al llegar al primer piso, Frank advirtió que había aspersores en funcionamiento. Hingson ordenó a Roselle avanzar y atravesaron la cortina de agua. En el vestíbulo, voces con megáfono los desviaron hacia el interior del complejo, lejos de la salida directa a la calle. Un agente del FBI los condujo corriendo a través del complejo, subieron por una escalera mecánica junto a la librería Borders y salieron a una plaza en el segundo nivel.
Cruzaron hacia Broadway y caminaron hacia el norte. En la intersección con Vesey Street, mientras Frank fotografiaba las llamas en la Torre Sur, un policía gritó que el edificio caía. Hingson describió el sonido como «una combinación de tren de carga y catarata». Frank corrió. Hingson giró 180 grados a Roselle y avanzó hacia el sur por Broadway, dobló en Fulton Street y la nube de polvo y escombros los envolvió.
Hingson guio a Roselle hacia la entrada de un edificio. La perra se detuvo al borde de una escalera. Cuando Hingson dio la orden «forward», ella bajó los peldaños y los llevó al vestíbulo de la estación de metro de Fulton Street. Permanecieron entre 10 y 15 minutos hasta que un policía avisó que el aire exterior había mejorado.
Al salir, Frank miró hacia el World Trade Center y dijo: «Dios mío, Mike, ya no hay Torre Sur». Continuaron hacia el oeste por Fulton Street. En una pequeña plaza escucharon nuevamente el sonido de tren de carga: era la Torre Norte colapsando. Se refugiaron detrás de un muro de contención. Cuando el ruido cedió, Frank dijo: «Dios mío, Mike, ya no está el World Trade Center».
Esa noche, Hingson llegó a su casa de Westfield. Le sacó el arnés a Roselle y ella jugó con Linny, el perro guía retirado de la familia. Veterinarios de la escuela de perros guía consultados al día siguiente explicaron que los perros no especulan sobre lo que podría haber pasado: cuando la amenaza directa termina, termina.
En 2002, Roselle recibió el Premio a la Excelencia Canina en la categoría de perro de servicio. Murió en junio de 2011, a los 14 años. Su collar y su medalla conmemorativa, otorgada por la Fundación Real de Ciegos de Nueva Zelanda con el número de registro 911, forman parte de la exhibición permanente del Museo Memorial del 11 de Septiembre, en Nueva York.
