Un análisis sobre el avance de la inteligencia artificial y la crisis de confianza en las instituciones tradicionales, en un contexto de incertidumbre global.
La inteligencia artificial (IA) avanza en un contexto de descrédito generalizado hacia las instituciones tradicionales, como las Naciones Unidas, el Congreso, la Justicia y la prensa. Este fenómeno ocurre en un momento de alta incertidumbre global, que algunos analistas describen como una crisis civilizatoria.
En crisis anteriores, como la financiera de 2008, las instituciones lograron encauzar la situación. Sin embargo, actualmente los cambios impulsados por la tecnología erosionan gradualmente su papel. Se plantea la posibilidad de que la lógica de los algoritmos prevalezca sobre los valores que han guiado a las sociedades occidentales durante los últimos dos siglos.
El escritor Tzvetan Todorov, entre otros, ya advertía sobre la necesidad de una visión más humanista de la Ilustración, en contraposición a un enfoque puramente cientificista.
En cuanto a la IA, hay posturas divergentes. Elon Musk sostiene que la IA liberará a las personas del trabajo y proveerá todo lo necesario. Por otro lado, Yuval Noah Harari advierte que en diez años la IA podría reemplazar a los humanos en la toma de decisiones y tomar el control del mundo, a menos que las instituciones detengan su desarrollo a tiempo. Ambas posiciones fueron expuestas en entrevistas recientes realizadas por The Economist.
Se debate si las instituciones están en agonía frente al avance de los algoritmos, o si podrán recuperar su rol. La crisis de representación es uno de los problemas severos de las democracias actuales: la ciudadanía muestra escepticismo hacia sus representantes y mediadores, y encuentra en las redes sociales un espacio para expresarse, aunque esto aumente la confusión.
En este contexto, se menciona el fallo de la justicia estadounidense contra Meta como una reacción puntual, pero se plantea que el primer cuarto del siglo XXI podría ser recordado como el período en que el poder de las instituciones democráticas cedió paso al poder de la tecnología.
Para enfrentar esta crisis, las instituciones deberían reconocer su responsabilidad en la construcción de su propio descrédito. Se mencionan ejemplos como la percepción de impunidad en la Justicia o la irrelevancia de la ONU frente a conflictos internacionales, como la invasión rusa a Ucrania, donde Rusia participa en la elección del secretario general y tiene poder de veto.
El análisis concluye que, si las instituciones no actúan como factores de cambio y mejora para la población, podrían estar destinadas a desaparecer. La crisis civilizatoria precipitada por la tecnología las encuentra en un estado de debilidad y decadencia.
