Un estudio internacional liderado por investigadores del Conicet reclasificó al Gasparinisaura cincosaltensis, un pequeño dinosaurio bípedo que habitó Río Negro hace 83 millones de años, y reveló que sus grandes ojos eran una adaptación a largos períodos de oscuridad.
Un equipo internacional de científicos, liderado por investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), reclasificó al dinosaurio Gasparinisaura cincosaltensis, una especie que habitó la actual provincia de Río Negro durante el período Cretácico, hace aproximadamente 83 millones de años.
El estudio, publicado en la revista científica Cretaceous Research, se basó en el análisis del cráneo más completo documentado hasta ahora para un ornitópodo no hadrosauriforme en el hemisferio sur. El espécimen proviene de la Formación Anacleto, en la localidad de Cinco Saltos.
Los investigadores utilizaron microtomografía computarizada médica para extraer virtualmente la caja craneana y construir un modelo en 3D. Este método permitió aislar los efectos de la deformación y el aplastamiento sufridos por el fósil durante millones de años.
El paleontólogo Paul-Emile Dieudonné, primer autor del trabajo, confirmó que el animal pertenece al linaje Elasmaria, de la familia Dryosauridae. La investigación permitió definir una nueva subfamilia denominada disalotosaurinos (Dysalotosaurinae), que emparenta a esta especie patagónica con dinosaurios descubiertos en Tanzania y Australia.
Uno de los hallazgos principales del estudio se relaciona con el tamaño de las órbitas oculares. Se confirmó que los grandes ojos eran una característica anatómica de los individuos adultos, y no un rasgo juvenil.
La investigadora Penélope Cruzado-Caballero, de la Universidad de La Laguna en España, señaló que el tamaño de los globos oculares modificó el desarrollo de la caja craneana, desplazando los huesos hacia atrás y elevando el hocico.
La investigadora del Conicet Ariana Paulina-Carabajal calificó esta condición anatómica como “excepcionalmente derivada”, por presentar rasgos no observados en otros ornitópodos. El desarrollo visual sugiere una adaptación para vivir en latitudes altas, donde debían sobrevivir a largos períodos de oscuridad.
El descubrimiento del fósil fue realizado en septiembre de 1996 por los paleontólogos Rodolfo Coria y Leonardo Salgado. El espécimen permaneció estudiándose durante tres décadas hasta la publicación de esta investigación.
