En un taller de City Bell, Candela González Arzac y Cato producen vajilla artesanal. El proceso incluye dos cocciones, pintura manual y distintas líneas de diseño.
En el taller de Candela González Arzac, en City Bell, se produce vajilla artesanal. Cada pieza atraviesa distintas manos, temperaturas y decisiones hasta convertirse en una taza, un plato, una fuente o un objeto decorativo. Cato se ocupa de darle forma y terminación; Candela, de pintarla a mano y darle el carácter final.
El proceso comienza con la producción de las piezas. Cato, socio de Candela, trabaja el material, les da forma y realiza los acabados necesarios para que puedan continuar el proceso. Luego, Candela, quien se define como una «creadora de cacharros», interviene cada objeto a mano.
La primera etapa requiere paciencia. Una vez terminada, la pieza debe secarse antes de ingresar al horno, donde alcanza los 1080 °C. Esa primera cocción transforma el material y deja los objetos preparados para una nueva instancia: pensar cómo serán intervenidos. En esa etapa aparecen los colores, los esmaltes y los dibujos.
Candela trabaja cada pieza con pinceles. Aunque existen distintas líneas de diseño, la intervención manual hace que no haya dos objetos exactamente iguales. Una vez pintadas y esmaltadas, las piezas vuelven al horno para una segunda cocción. El resultado es una vajilla que conserva las marcas propias del trabajo artesanal. Cada objeto lleva la firma de su creadora.
El proyecto nació y creció alrededor de una dinámica de trabajo compartido. Candela y Cato dividen las tareas y sostienen juntos una producción que combina oficio, diseño y una escala artesanal.
En lugar de apostar por una única estética, desarrollaron diferentes líneas de diseño, con variaciones de colores, esmaltes y motivos. La búsqueda, según explican, parte de la idea de que no existe una única manera de habitar una casa ni un único gusto al momento de elegir los objetos que forman parte de ella.
Además de las piezas disponibles para entrega inmediata, el taller trabaja con pedidos personalizados y abastece a clientes mayoristas. La producción se comercializa desde City Bell y puede llegar a distintos puntos del país a través de su tienda online.
Detrás de la venta hay una idea que atraviesa el proyecto: que los objetos de uso cotidiano también pueden tener una dimensión ligada al disfrute. Un plato, una taza o una fuente no son solamente elementos funcionales, sino piezas que forman parte de escenas repetidas todos los días y que pueden aportar color y personalidad a esos momentos.
Esa mirada llevó al taller, en distintas etapas, a abrir espacios de aprendizaje. Candela y Cato incorporaron clases y propuestas formativas vinculadas con la cerámica, con la intención de acercar el oficio a quienes buscan aprender a trabajar con las manos.
El recorrido que comienza con el barro termina en el horno y luego en otra casa, donde la pieza cumple su función: estar sobre una mesa y formar parte de la vida cotidiana.
