El acceso al crédito a través de tarjetas, préstamos personales y billeteras digitales facilitó el financiamiento, pero también derivó en un aumento de la morosidad. Especialistas consultados por Ámbito coinciden en que el primer paso para salir de una situación de endeudamiento es identificar el costo real de cada obligación y priorizar las de mayor tasa.
El crédito se volvió parte de la economía cotidiana de las familias. Tarjetas, préstamos personales, billeteras digitales y distintas alternativas de financiamiento permiten acceder a dinero en pocos minutos. En un contexto de morosidad récord en más de 20 años, cada vez más hogares enfrentan dificultades para cumplir con sus compromisos financieros, según datos relevados por Ámbito.
La expansión de las billeteras digitales facilitó el acceso a préstamos, pero también aumentó el riesgo de tomar financiamiento sin dimensionar su costo. Expertos recomiendan identificar todas las obligaciones, priorizar las de mayor tasa y negociar mejores condiciones antes de que la deuda se vuelva impagable.
El problema se vuelve más complejo cuando el financiamiento deja de utilizarse para una compra puntual y comienza a funcionar como una extensión del ingreso mensual. Refinanciar el saldo de la tarjeta, utilizar el descubierto o recurrir a un nuevo préstamo para llegar a fin de mes puede aliviar momentáneamente las cuentas, pero también aumentar el costo de una deuda que se vuelve cada vez más difícil de administrar.
Especialistas consultados por Ámbito coinciden en que no siempre la mejor estrategia consiste en intentar cancelar todo de inmediato. Identificar cuáles son las deudas más caras, ordenar los gastos y eventualmente reemplazar un crédito costoso por otro más barato puede ser parte de la solución.
“El crédito no es necesariamente malo y puede ser una herramienta útil para atravesar una necesidad puntual, financiar una compra o incluso ordenar pasivos. El problema surge cuando se utiliza para financiar gastos recurrentes o para cancelar otra deuda. En ese caso, la deuda deja de ser una herramienta financiera y comienza a convertirse en una forma de financiar un nivel de consumo que los ingresos corrientes no permiten sostener”, señalaron.
El primer paso es conocer cuánto cuesta realmente el dinero que se toma. Para comparar distintas alternativas es necesario mirar el Costo Financiero Total (CFT), que contempla intereses, comisiones, seguros y otros cargos asociados al financiamiento.
También es clave distinguir entre una tasa mensual y una tasa anual efectiva. Una tasa del 10% mensual, por ejemplo, no implica simplemente un costo anual del 120%, dado que la capitalización generará un costo considerablemente superior. La pregunta central antes de tomar un préstamo no debería ser únicamente cuánto habrá que pagar cada mes, sino cuánto dinero se terminará devolviendo por cada peso prestado.
Gastón Lentini, de Doctor de tus Finanzas, dijo a Ámbito que el primer paso para salir de una situación de endeudamiento es identificar exactamente cuánto se debe y cuánto cuesta cada obligación. “En finanzas, las tasas son simplemente lo que define el precio del dinero que nos prestan”, afirmó el especialista en educación financiera, quien sugiere identificar las deudas a partir de ese costo para así poder “cancelar primero las más caras”.
“Si tenemos deuda con el FMI y pagamos por ese préstamo un 10% anual, pero otro organismo nos presta dinero al 5% anual, entonces va a ser conveniente tomar deuda nueva al 5% para pagar la deuda vieja al 10%, porque lo que estoy haciendo es ahorrar, bajando el precio que pago por el capital que me prestan”, explicó Lentini.
“No busco pagar todo junto, porque no puedo, sino bajar el costo pagando primero a los que me cobran más caro o refinanciar con una tasa menor”, agregó.
El segundo paso es ordenar las finanzas personales. Para Lentini, esto implica saber cuánto dinero ingresa cada mes y conocer con precisión en qué se gasta. Para esto, el experto sugiere “armar una pequeña cuenta”. “Es sumamente importante para poder entender qué gastamos”, indicó.
Desde Criteria remarcaron que si todos los meses es necesario recurrir a un nuevo préstamo, utilizar el descubierto o refinanciar el saldo de la tarjeta para llegar a fin de mes, “el problema ya no está en la tasa de interés de una deuda determinada, sino que el nivel de gasto está por encima del ingreso disponible”.
“En ese escenario, un nuevo crédito puede postergar el problema, pero difícilmente pueda resolverlo”, añadieron. Por eso, antes de asumir una nueva obligación financiera conviene establecer un límite de endeudamiento y calcular qué porcentaje del ingreso mensual ya está comprometido con cuotas y obligaciones.
Sin embargo, tomar un nuevo crédito puede tener sentido cuando permite cancelar una deuda más cara y reducir el costo financiero total. La clave está en que el nuevo préstamo reemplace una obligación más costosa y no se convierta simplemente en una nueva fuente de financiamiento para gastos corrientes.
Lentini también puso el foco en la responsabilidad de quienes prestan y de quienes toman el dinero. “Es tan responsable el banco al dar créditos sin mirar a quién, como las personas tomando créditos indiscriminadamente”, sostuvo.
“Las familias tomaron un crédito con el chip anterior, donde las deudas se licuaban, y el cambio de contexto y la baja de la inflación es lo que creo yo que generó esta situación”, añadió.
Cuando las deudas ya existen y las cuotas comienzan a resultar difíciles de afrontar, la alternativa no debería ser simplemente dejar de pagar y esperar que el problema desaparezca. “Voy a tener que hacerme responsable de pagar, porque la idea de desinstalar las apps o ir a juicio no es recomendable, ya que los problemas a futuro serán otros y no van a desaparecer. Entonces, debemos hablar con la entidad a la que le debemos dinero buscando estirar los plazos de vencimiento y buscando también bajar la tasa que nos cobren”, explicó Lentini.
La negociación puede permitir extender plazos, reducir la tasa o consolidar diferentes obligaciones en una sola deuda con un costo menor. La regla financiera es sencilla: si una deuda puede reemplazarse por otra más barata, el costo total puede reducirse; si todas las nuevas deudas sirven únicamente para cubrir gastos corrientes, el problema estructural permanece.
La recomendación de Criteria apunta a comparar distintas alternativas, mirar siempre el costo total del financiamiento, evitar aceptar de manera impulsiva un préstamo que no responde a una verdadera urgencia y ordenar en un único lugar todas las obligaciones existentes, con saldo, tasa, cuota y vencimiento.
Lentini planteó además que “así como la Argentina defaulteó y renegoció sus deudas, vos también podés hacer una cosa similar para, con un poco de esfuerzo, salir adelante”.
Una situación de endeudamiento puede ser grave, pero no necesariamente es irreversible. Ordenar las cuentas, conocer el costo de cada deuda, priorizar las obligaciones más caras y negociar con los acreedores son pasos concretos para recuperar capacidad financiera.
