El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llega a los comicios legislativos de noviembre con los niveles de aprobación más bajos para un mandatario en su segundo mandato en 80 años, y con una estrategia basada en denuncias de fraude electoral.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, enfrenta las elecciones de mitad de mandato del 4 de noviembre con un escenario marcado por su impopularidad y sus reiteradas afirmaciones sobre fraude electoral. Según los sondeos, su índice de aprobación es el más bajo para un presidente en su segundo mandato en los últimos 80 años, con la excepción de Richard Nixon en 1974.
Trump ha sostenido en múltiples ocasiones que la izquierda estadounidense manipula los comicios. En 2016, tras vencer a Hillary Clinton sin obtener la mayoría del voto popular, afirmó que millones de personas votaron ilegalmente. En 2020, tras perder ante Joe Biden, impulsó acusaciones similares que derivaron en el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021. En 2024, declaró que su victoria sobre Kamala Harris no pudo ser alterada por el margen.
En las elecciones de mitad de mandato, el partido del presidente suele ser evaluado como un referéndum sobre su gestión. En este caso, el Partido Republicano tiene mayoría en ambas cámaras del Congreso, pero las encuestas anticipan un posible avance demócrata, especialmente en la Cámara de Representantes.
Trump ha utilizado discursos para repetir acusaciones sin evidencia sobre la seguridad electoral, incluyendo la afirmación de que China pirateó registros de votantes, aunque no propuso acciones concretas. También ha presionado al Congreso para aprobar leyes que exijan identificación a los votantes, medida que encuentra resistencia entre legisladores republicanos.
El presidente ha intervenido en las primarias republicanas, apoyando a candidatos leales en detrimento de legisladores con mayores posibilidades de reelección. También ha intentado condicionar la agenda legislativa, incluso promoviendo la cancelación del receso de agosto, un período clave para las campañas.
En paralelo, Trump ha priorizado proyectos personales como un nuevo salón de baile en la Casa Blanca y monumentos en Washington, mientras la inflación y los efectos de sus políticas arancelarias y del conflicto con Irán generan preocupación entre los votantes.
El resultado de los comicios podría otorgar a los demócratas el control de la Cámara de Representantes, lo que les permitiría iniciar investigaciones contra el presidente y eventualmente impulsar un juicio político. El Senado presenta una disputa más reñida.
Trump ha anticipado que no aceptará los resultados si le son desfavorables. En declaraciones públicas, ha mencionado la posibilidad de enviar agentes de inmigración a los centros de votación, impugnar elecciones reñidas y cuestionar la integridad de las máquinas de votación, especialmente en estados de mayoría demócrata.
Analistas señalan que, a pesar de estas declaraciones, el sistema electoral estadounidense es descentralizado y el gobierno federal no tiene competencia en la administración de los comicios. Las autoridades locales contarán los votos y los ganadores serán certificados por los estados.
El vicepresidente JD Vance, el secretario de Estado Marco Rubio y otros funcionarios podrían comenzar a delinear sus propias estrategias políticas de cara al futuro, mientras los demócratas también enfrentan disputas internas. La comunidad internacional observa cómo la política estadounidense podría modificar su rumbo en los próximos años.
