El crudo Brent alcanzó los 95,02 dólares por barril tras una escalada militar entre Estados Unidos e Irán. El Banco Mundial proyecta que el crecimiento mundial podría caer al 1,3% si el conflicto se prolonga.
El petróleo Brent del Mar del Norte, referencia internacional, subió 4,4% hasta los 95,02 dólares por barril, su mayor cotización en casi seis semanas. El West Texas Intermediate (WTI) avanzó 4,5% y se ubicó en 88,16 dólares. La escalada militar entre Estados Unidos e Irán impulsó estos valores, según reportes de agencias internacionales.
Las fuerzas estadounidenses atacaron objetivos en el sur y el oeste de Irán, mientras que Teherán respondió contra instalaciones norteamericanas en Baréin, Kuwait y Jordania. A esto se sumaron interrupciones en el tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz, una de las principales rutas para el comercio mundial de petróleo. Los hutíes de Yemen, aliados de Irán, anunciaron un bloqueo naval contra los envíos saudíes a través del estrecho de Bab el-Mandeb.
El economista jefe del Banco Mundial, Indermit Gill, afirmó en una entrevista con Reuters que una prolongación del conflicto durante seis meses o más podría provocar una fuerte desaceleración de la economía internacional. Según el organismo, en el escenario más adverso el crecimiento mundial podría caer hasta el 1,3%, frente al 2,9% registrado el año pasado. La inflación global podría trepar al 4,5%.
Gill señaló que el peor de los tres escenarios modelados por el Banco Mundial en junio ya estaría cerca de materializarse debido al aumento de las hostilidades y al derrumbe del acuerdo de alto el fuego alcanzado en abril. Una guerra más larga, combinada con daños en la infraestructura energética de la región y restricciones al transporte de crudo, aumentaría los costos de la energía.
El riesgo es que ese nuevo shock inflacionario obligue a los bancos centrales a frenar o revertir los recortes de tasas de interés, lo que encarecería el crédito y debilitaría la actividad económica. Las interrupciones en las rutas marítimas también podrían afectar los envíos de fertilizantes, helio y azufre, insumos fundamentales para la producción agropecuaria, lo que agravaría la inseguridad alimentaria en los países más pobres.
En cuanto al endeudamiento, una suba de las tasas internacionales elevaría el costo de refinanciar los vencimientos. Según el Banco Mundial, el 40% de los países de ingresos bajos y medios ya se encuentra en situación de estrés financiero o enfrenta un riesgo elevado de ingresar en esa condición. La relación promedio entre la deuda pública y el Producto Bruto Interno de los mercados emergentes alcanzó aproximadamente el 74% en 2025, muy por encima del rango de entre 50% y 55% observado antes de la pandemia.
Gill advirtió que, una vez que la inflación vuelva a acelerarse, podrían pasar apenas algunos meses hasta que los países más endeudados enfrenten problemas para pagar sus compromisos. “Es simplemente un desastre lento”, definió sobre el deterioro que podría provocar el aumento de los costos financieros.
Estados Unidos, China e India cuentan con mayores herramientas para absorber el impacto, según el análisis del Banco Mundial. Los países en desarrollo, en cambio, enfrentan un panorama más complejo. Algunos países con problemas de liquidez ya comenzaron a pedir una ampliación de los programas de asistencia del Fondo Monetario Internacional. Pakistán, por ejemplo, solicitó a Estados Unidos una línea de estabilización cambiaria por 10.000 millones de dólares, según Reuters.
