El copresidente de Nicaragua, Daniel Ortega, declaró el 19 de julio que no se celebrarán más comicios en el país, lo que marca un cambio en la política electoral nicaragüense.
El copresidente de Nicaragua, Daniel Ortega, afirmó el 19 de julio que «aquí no habrá más elecciones», durante un discurso que coincidió con la final del Mundial de Fútbol. Ortega sostuvo que los partidos de oposición buscaban utilizar las elecciones «para tomar el poder», que es el objetivo de estos procesos.
Nicaragua ha experimentado un retroceso en sus indicadores de democracia en las últimas dos décadas. Según la organización Freedom House, el país es el segundo que más ha retrocedido en ese período, después de Malí. Ortega fue elegido democráticamente en 2006, pero posteriormente impulsó cambios que limitaron el accionar de instituciones independientes, encarceló a rivales políticos y restringió la libertad de prensa. Aproximadamente una décima parte de la población abandonó el país.
Hasta el anuncio del 19 de julio, Nicaragua celebraba elecciones, aunque con denuncias de irregularidades. El excandidato presidencial Félix Maradiaga, a quien se le retiró la ciudadanía y fue deportado, declaró que Ortega «se ha quitado la máscara» y que dejó claro que no se someterá a la voluntad popular.
Ortega, de 80 años, ha manifestado su intención de que su esposa, Rosario Murillo, asuma el poder tras su muerte, y luego su hijo. La transferencia pacífica del poder en dictaduras suele ser compleja, según analistas.
El anuncio de Ortega podría sentar un precedente para otros países. La diferencia entre manipular elecciones y abolirlas es significativa, ya que mientras se mantengan comicios, existe la posibilidad de que la oposición pueda ganar, como ocurrió en Hungría en 2022 o en Nicaragua misma en 1990, cuando unas elecciones libres pusieron fin al primer mandato de Ortega.
