El combate de Ilia Topuria en la UFC dejó al descubierto las severas lesiones que pueden sufrir los luchadores. Expertos advierten sobre secuelas tardías que aparecen años después de la retirada deportiva.
Ilia Topuria perdió el cinturón de peso ligero ante Justin Gaethje en el evento UFC Freedom 250, celebrado en la Casa Blanca bajo la atenta mirada del presidente estadounidense Donald Trump. El luchador hispano-georgiano tuvo que ser trasladado en ambulancia a un hospital, donde se le diagnosticaron dos fracturas orbitales con mayor afectación en el ojo derecho. El combate fue detenido al final del tercer asalto por los jueces y el equipo médico, luego de que su hermano alertara: “Hay que llamar al doctor porque no ve nada”.
Topuria, que se encuentra descansando en su hotel en Washington D.C. antes de regresar a casa, declaró que volverá “más fuerte, más sabio y mucho más peligroso”. Sin embargo, la Asociación de Comisiones de Boxeo y Deportes de Combate decretó un periodo de reposo de 180 días, a menos que reciba el alta médica antes. Su regreso al ring no se prevé hasta 2027.
Las lesiones sufridas por Topuria no son excepcionales en los deportes de contacto. Entre las más frecuentes se encuentran hematomas, heridas o laceraciones de la piel, fracturas nasales, lesiones de los pabellones auriculares, fracturas del pómulo, la mandíbula y la órbita. Según el doctor Marco Romeo, cirujano plástico, estético y reconstructivo, en una entrevista con Infobae, la suma de cientos o miles de impactos puede determinar una carrera deportiva.
El doctor Romeo señaló que, más allá de los hematomas, que son “muy visibles” pero fáciles de resolver, lo que más preocupa a los especialistas son las fracturas mal consolidadas de la nariz y el complejo orbitario. “Estas lesiones pueden pasar relativamente desapercibidas en un primer momento, especialmente cuando existe mucha inflamación, pero con el tiempo pueden provocar deformidades permanentes, obstrucción respiratoria, asimetrías faciales o incluso alteraciones visuales en algunos casos”, afirmó. Algunos deportistas presentan problemas para respirar correctamente por la nariz años después de retirarse debido a fracturas que nunca fueron tratadas adecuadamente.
Dos de las partes del cuerpo más castigadas en estos deportes son la nariz y las orejas. El especialista explicó que la mayoría de las fracturas nasales “se producen por impactos laterales que desplazan los huesos y los cartílagos de la nariz”, lo que puede causar “desviaciones visibles, hundimientos del dorso nasal o deformidades progresivas”. A largo plazo, es frecuente que aparezca una desviación del tabique, colapso de las válvulas nasales y dificultad respiratoria crónica. “Muchos deportistas se acostumbran a respirar mal y no consultan hasta años después, cuando descubren que tienen una obstrucción nasal importante que requiere cirugía reconstructiva”, sostuvo.
En cuanto a las orejas, la llamada “oreja de coliflor” aparece cuando un traumatismo provoca una acumulación de sangre entre la piel y el cartílago auricular. El doctor Romeo aclaró que, si no se drena rápidamente, el cartílago se deforma y cicatriza de forma irregular. “En fases iniciales puede evitarse la deformidad mediante un tratamiento precoz. Cuando ya está establecida, existen técnicas de cirugía reconstructiva que permiten mejorar notablemente la forma de la oreja, aunque en algunos casos es difícil recuperar completamente su aspecto original”, indicó.
Las consecuencias de un combate como el de Topuria no se limitan a la estancia en el hospital o a los meses posteriores de reposo. Con frecuencia, aparecen secuelas tardías muchos años después de la retirada deportiva, como “la obstrucción nasal progresiva, las deformidades faciales, las asimetrías del tercio medio facial, el dolor crónico de la articulación mandibular y determinadas alteraciones de la mordida”. Además, los tejidos blandos envejecen de forma diferente cuando han estado sometidos a traumatismos constantes. “Es habitual encontrar fibrosis, irregularidades en los contornos faciales o cicatrices internas que no eran evidentes inicialmente”, relató el doctor Romeo. Para el especialista, “la clave es que una lesión puede parecer curada desde el exterior, pero las estructuras óseas y cartilaginosas pueden haber sufrido cambios permanentes que solo se manifiestan con el paso de los años”.
