El hallazgo de cuerpos embolsados e incinerados en Bogotá y Soacha aumentó en el último año, según informes de la Policía Metropolitana y la Fiscalía. Expertos citados por Semana vinculan el fenómeno a una reorganización de bandas criminales nacionales e internacionales que disputan rentas ilegales.
La cantidad de cuerpos embolsados e incinerados hallados en Bogotá y Soacha registró un aumento en el último año, según informaron fuentes oficiales y académicas al medio Semana. El fenómeno ocurre en un contexto de transformación del crimen organizado en la región.
De acuerdo con la Policía Metropolitana de Bogotá y Soacha, se identificaron cinco casos en Bogotá y cinco en Soacha durante el último trimestre. El Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía reportó ocho casos adicionales de cuerpos embolsados, desmembrados o incinerados en lo que va de 2026. No obstante, las cifras podrían estar subestimadas debido a diferencias en la clasificación oficial.
Un caso ocurrido a principios de mayo ilustró el patrón. Kevin Santiago Ángel Garzón, profesor de informática de 31 años, desapareció tras salir de un gimnasio en el occidente de Bogotá. Cámaras de seguridad registraron a tres hombres sacando una maleta de una vivienda en Kennedy. Días después, su cadáver fue hallado en una zona boscosa de El Tintal con signos de violencia extrema y parcial incineración. Un reciclador encontró la maleta e informó a las autoridades. Posteriormente, en El Cielo, entre Ciudad Bolívar y Soacha, fueron localizados tres cuerpos incinerados. Aunque no están relacionados, los casos comparten elementos como desapariciones previas, tortura y traslado de cadáveres en maletas o envoltorios plásticos.
Andrés Nieto, director del Observatorio de Seguridad de la Universidad Central, declaró a Semana: “Cada vez que se golpean las bandas, ellas empiezan a ajusticiarse entre ellas o unas más pequeñas a intentar quedarse con los negocios y las rentas criminales”. Según Nieto, los operativos entre 2016 y 2021 debilitaron cabecillas y estructuras, pero la falta de continuidad permitió el surgimiento de alrededor de 205 grupos delincuenciales en Bogotá, la mayoría sin acciones policiales en su contra.
Hugo Acero, exsecretario de Seguridad de Bogotá, sostuvo que la violencia homicida es “cada vez más estructural, ligada a grupos de delincuencia organizada que se disputan las rentas criminales del narcotráfico, el microtráfico, la extorsión, la trata de personas y los distintos hurtos”. Acero indicó que los límites administrativos entre Bogotá y Soacha perdieron relevancia para estas estructuras.
Expertos señalaron que las respuestas institucionales se concentran en detener a miembros visibles de las bandas, sin atacar el capital ilícito o los bienes producto de estos delitos. La circulación entre Bogotá y Soacha define hoy la ruta de las bandas, con corredores como Ciudad Bolívar, Bosa, El Tintal y San Bernardo. En esos puntos convergen organizaciones locales, bandas de Soacha, estructuras foráneas y grupos extranjeros para el almacenamiento y movimiento de drogas, tráfico de armas, distribución de estupefacientes y cobro de extorsiones.
Nieto calculó que entre 100 y 115 bandas en Bogotá nunca recibieron acciones policiales. El resultado es una red de actores especializados en microtráfico, análisis de rutas y explotación sexual que sostienen la economía ilegal, mientras que el hallazgo de cuerpos embolsados evidencia las disputas y cambios en el mapa criminal.
