Radicada en Los Ángeles junto a su marido fotógrafo y sus dos hijas, se define como una “fashion film maker”. Su trayectoria incluye trabajos con Chanel, Stella McCartney, Levi’s y otras firmas internacionales.
Clara Cullen, hija de la gestora cultural Teresa Anchorena, reside en Los Ángeles con su esposo, el fotógrafo Max Farago, y sus dos hijas, Alma y Azul, de 9 y 2 años. Se desempeña como “fashion film maker” y ha colaborado con diseñadoras como Stella McCartney y marcas como Chanel, Levi’s, Max Mara, Gucci, Chloé, Adidas, Zara y Schiaparelli, entre otras.
Hace diez años se mudó a Estados Unidos, donde estudió con los cineastas Spike Lee y Werner Herzog. Su obra incluye videos experimentales, cortometrajes y fotografías para la industria de la moda, además de la escritura de guiones propios. Su documental “Lo que no se ve ni se oye” aborda la historia de su bisabuela, Enriqueta Salas de Anchorena, una de las primeras directoras de cine argentinas. Su ópera prima “Manuela” obtuvo el premio a Mejor filme latino en el Santa Barbara Film Festival.
En una entrevista con LA NACION, Cullen relató su infancia en Buenos Aires, marcada por la actividad cultural de su madre. “Mi sueño era ir a Disney, pero nunca fui. Hacía la tarea durante los entreactos del Colón. Me aburrí muchísimo; me pasé la vida en las vernissage de su galería de arte”, declaró. Recordó que comenzó a trabajar desde pequeña atendiendo llamadas de clientes y vendiendo cuadros.
Sobre su formación visual, señaló que su madre la llevaba a museos y le pedía que eligiera la pintura que más le gustaba. “Me enseñó a comprar en remates. Tenía el savoir faire de participar sin que notaran que estaba subiendo la apuesta. Todo parecía un juego, pero ahora me doy cuenta de que me estaba entrenando para mi trabajo actual”, afirmó.
Consultada sobre su origen familiar, describió a sus padres como “dos ovejas negras” que le dieron seguridad. “Por su forma de ser, mamá siempre fue la oveja negra. No me iba a buscar al colegio ni participaba de los actos escolares. Llegaba a casa a las 11 de la noche y ahí empezaba nuestro día juntas. Todo era de una excentricidad absoluta”, sostuvo.
Respecto a su llegada a Estados Unidos, explicó que estudió cine en la Fundación Universidad de Cine (F.U.C.) en Buenos Aires, donde conoció a Spike Lee. “Le escribí y me respondió que había sido seleccionada. Llegué a Nueva York a los 22 años para hacer una pasantía con él y también estar bajo la tutela de Herzog”, dijo. Luego se estableció en Los Ángeles.
Entre sus primeras experiencias artísticas, mencionó entrevistas a actrices de cine pornográfico. “Me invitaron a un rodaje con Sasha Grey. Le hice una entrevista en la ducha. Estaba desnuda en un plano medio y el lente se iba empañando. Hice unos ocho cortos de ese tipo”, relató.
En su trabajo con marcas, destacó la colaboración con la diseñadora Gabriela Hearst. “Estamos en permanente diálogo; el vínculo va más allá de un video, es contar una historia”, afirmó. También filmó retratos para el New York Times Style Magazine, donde entrevistó a figuras como Quentin Tarantino y Jeff Koons. “Cuando entrevistás a un famoso, pone play y repite su historia. Hay que sacar al personaje de ahí”, explicó.
Sobre la elegancia, definió: “Es lo auténtico, lo propio. Podés serlo sin tener plata, aunque necesitás una mirada muy filosa”.
Respecto a su vida cotidiana en Los Ángeles, indicó: “Me levanté a las 6AM, estuve con mis hijas, les preparé el desayuno y las llevé al colegio. Tengo un personal trainer en Argentina que me da clases todos los días. Después me preparo un mate y trabajo”.
Al ser consultada sobre lo que extraña de Argentina, respondió: “Extraño absolutamente todo: el clima, la radio en los taxis, mis amigos, mi familia, la manera de manejar, avenida del Libertador, el campo, las parrillas al costado de la ruta, el cielo, la luz”. Sobre Los Ángeles, dijo: “Es rarísima, imposible de entender. Es muy internacional y tiene una naturaleza maravillosa. La mezcla de nacionalidades me fascina”.
