La investigación clínica en Argentina suma más de mil estudios en curso, con la participación de más de 50 mil personas. La actividad genera un ingreso de divisas superior a los 700 millones de dólares anuales.
Buenos Aires, 19 de mayo (NA) – En 2025 se aprobaron 290 nuevos estudios clínicos en Argentina. La investigación clínica evalúa la eficacia y seguridad de potenciales nuevos medicamentos y vacunas para mejorar la salud de las personas.
Más de mil estudios clínicos se encuentran en curso en Argentina, con la participación de más de 50 mil personas. Esta actividad anticipa el acceso de los pacientes a terapias innovadoras y representa un ingreso de divisas de más de 700 millones de dólares al año. Según la Cámara Argentina de Especialidades Medicinales (CAEMe), la investigación clínica se posiciona como una de las disciplinas más dinámicas dentro de la economía del conocimiento, con capacidad para atraer inversiones internacionales, aportar divisas, generar empleo calificado y contribuir a mejorar la atención de la salud.
Carolina Martinenghi, Directora de Comunicaciones de CAEMe, afirmó: “Esta disciplina se posiciona como una de las más dinámicas dentro de la economía del conocimiento, con capacidad para atraer crecientes inversiones internacionales y aportar divisas exportando servicios de alto valor agregado, además de generar empleo calificado y contribuir a mejorar la atención de la salud”. En el marco del Día Mundial de la Investigación Clínica, agregó: “Argentina tiene la oportunidad de seguir consolidando su rol en investigación clínica. Tenemos por delante dos desafíos para impulsar este ecosistema: un mayor alcance federal, porque la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires concentran todavía el 70% de la participación, y que haya más estudios clínicos en centros públicos”.
Las áreas terapéuticas más estudiadas en Argentina son: oncología (25%), aparato respiratorio (12%), inmunología (11%), metabolismo (11%), sistema nervioso central (10%), cardiovascular (8%), digestivo (6%) e infectología (5%).
La investigación clínica está experimentando una transformación estructural a nivel global. La incorporación de herramientas digitales, inteligencia artificial y nuevos modelos metodológicos permite desarrollar medicamentos y vacunas con mayor eficiencia, agilidad y calidad de los datos. Carolina Sian, directora de asuntos regulatorios de CAEMe, sostuvo: “Estamos ante un cambio de paradigma a partir de avances significativos y constantes sobre cómo se investiga. La tecnología permite optimizar procesos que antes eran largos y complejos, mejorando la calidad de la evidencia y la experiencia de los participantes del estudio clínico”.
Entre los avances se destacan los ensayos clínicos “descentralizados”, que trasladan actividades fuera de los centros hospitalarios tradicionales mediante herramientas tecnológicas para la recopilación de datos. El monitoreo constante de parámetros de salud a través de dispositivos portátiles evita que los pacientes deban trasladarse para realizarse controles, eliminando barreras geográficas y logísticas. Esto permite la participación de poblaciones rurales o personas con movilidad reducida, mejorando la representatividad del universo involucrado. La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) promueve la incorporación de elementos descentralizados, bajo evaluación de riesgo-beneficio y con foco en la protección de los participantes.
La digitalización es otro pilar de esta transformación. Existen sistemas de gestión de ensayos clínicos que optimizan los flujos de trabajo y bases de datos como ClinicalTrials.gov (Estados Unidos) para registrar y analizar información de cientos de miles de estudios en más de 200 países. En Argentina, se cuenta con la base pública de ANMAT. Crece el uso de “gemelos digitales”: modelos computacionales que integran datos biológicos, clínicos y poblacionales para simular escenarios sobre la respuesta de un paciente a un tratamiento.
En investigación clínica, la inteligencia artificial se utiliza para acortar tiempos y optimizar procesos. Permite determinar qué mecanismos de acción tienen potencial para recorrer el camino de investigación y llegar al mercado, simplificando líneas de investigación y asignando recursos de I+D. Se automatizan tareas como la identificación de pacientes elegibles y el análisis de criterios de inclusión y exclusión, reduciendo tiempos operativos. Rosana Felice, asesora médica de CAEMe, declaró: “La inteligencia artificial potencia esta disciplina. No reemplaza, bajo ningún punto de vista, al investigador, pero amplía enormemente su capacidad de análisis y precisión”.
