El reciente partido entre River y San Lorenzo en el Monumental, definido por penales, refleja cómo los torneos de eliminación directa exacerban la histeria y los conflictos en las canchas argentinas.
El Monumental estalla: los hinchas insultan a los jugadores, hay peleas entre sectores, muchos comienzan a irse del estadio y periodistas entrevistan a aficionados furiosos que caminan por la Avenida Figueroa Alcorta cuando JuanFer Quintero lanza un centro que se convierte en el empate de River ante San Lorenzo. El estadio vuelve a estallar, pero ahora los gritos son de alegría o de desahogo. Hay penales y todo se repite en forma de hipérbole. San Lorenzo lo tiene una, dos, tres veces, pero gana River. El final se asemeja a una pelea de boxeo de película: Rocky, Cinderella Man, Toro Salvaje, Million Dollar Baby.
Apenas se puede respirar. Hay un clima raro, un desasosiego que une a quienes ganaron y a quienes perdieron.
Se podría escribir largo sobre la injusticia, la falta de mérito o la imprevisibilidad de definir un torneo con cuadros de eliminación directa, como ya lo han hecho varios medios. Pero de lo que poco se habló es de cómo estos playoffs estimulan la histeria que de por sí existe en esta sociedad ansiosa y algorítmica.
El día anterior, en la Bombonera, Boca y Huracán jugaron 120 minutos asfixiantes, con dos rojas para el Globo y dos penales cometidos por Lautaro Di Lollo en menos de cinco minutos. En Liniers, la hinchada de Vélez despidió con insultos al equipo que hace un mes brillaba. Y el miércoles, en el Gigante de Arroyito, Rosario Central le ganó a Racing en tiempo suplementario, cuando la Academia aguantaba con nueve jugadores. Otro partido asfixiante bajo sospecha de árbitros condicionados, potenciado por declaraciones de Diego Milito y un comunicado de Ángel Di María.
Hace más de 20 años, la FIFA eliminó el gol de oro de sus competiciones porque fomentaba la cautela y el miedo a perder en una jugada puntual, en lugar de la audacia. El gol de oro persistió solo en la liga universitaria de Estados Unidos. En Argentina, algunos dirigentes que hoy avalan este formato estuvieron de acuerdo en eliminar la Promoción en 2012, argumentando evitar el drama y la violencia. Sin embargo, el drama que se intentaba evitar se ha vuelto la normalidad: los playoffs son atractivos, pero elegirlos como método para todos los torneos oficiales los convierte en potenciadores de la histeria y la violencia.
Mata-mata, muerte súbita: términos que transmiten un metamensaje de guerra corta, de vida o muerte, que supera lo semántico. Jugadores, entrenadores, presidentes y fanáticos reaccionan así porque saben que su futuro laboral o su estado de ánimo está en juego en ese rato. No hay largo plazo posible. Algo que un torneo largo de todos contra todos podría atenuar.
