Un estudio de la Universidad de St. Gallen señala que los sectores más poderosos del país mantienen influencia política y económica, pero no logran traducirla en bienestar ni crecimiento sostenido.
La élite argentina continúa perdiendo posiciones a nivel internacional, según la séptima edición del Índice de Calidad de Élites (EQx), elaborado por investigadores de la Universidad de St. Gallen, en Suiza. El país cayó 18 lugares respecto al año anterior y se ubicó en el puesto 104° sobre 151 economías evaluadas, una de las posiciones más bajas de América Latina.
El informe mide dos grandes áreas: la influencia política y la creación de valor económico. En el caso argentino, se observa una desconexión entre el poder acumulado y la generación de riqueza real. Mientras que en influencia política el país se sitúa en el puesto 39° y en poder económico en el 60°, en la variable de Valor Económico desciende al puesto 128°, lo que refleja una incapacidad sistémica para convertir la influencia en resultados duraderos.
Pablo San Martín, presidente de SMS Latinoamérica y analista del capítulo argentino, explicó: “La cuestión estratégica no se refiere a ‘quién gana’ en el corto plazo, sino a ‘qué modelo de incentivos hace que el éxito dependa de la creación de valor’. Cuando se dé esa situación, las coaliciones de élite dejarán de dedicarse a la búsqueda de rentas y se producirá el crecimiento”.
Entre los indicadores que más afectan la posición argentina se encuentran la inflación (puesto 130°), el deflactor del PBI (146°), la formación bruta de capital (126°), el porcentaje de importaciones afectadas por medidas proteccionistas (134°) y la globalización económica (111°). Aunque el Gobierno actual ha priorizado la disciplina fiscal, el analista advierte que “con frecuencia se confunde gasto público con inversión pública: en algunos casos, los recortes alcanzan partidas que generaban valor económico y social”.
En educación, se presenta una paradoja: Argentina invierte fuertemente en educación superior (puesto 22°), pero los resultados en pruebas PISA son modestos (puesto 59°), lo que se traduce en una fuga de cerebros (puesto 23°). El desempleo juvenil también es alto (puesto 114°).
San Martín concluyó: “La discusión no pasa por si el país tiene recursos —porque los tiene—, sino por si será capaz de transformar poder en valor antes de que se agote el tiempo. Todos acá sentimos que el tiempo se acaba. Si ese es el desafío, entonces ya no se trata solo de un diagnóstico, sino de un buen momento para repensar la Argentina”.
