Un especialista en actividad física explica por qué el ejercicio adaptado es fundamental durante la jubilación para mantener la autonomía, fortalecer la musculatura y evitar dolencias comunes.
El paso del tiempo es inevitable, pero la forma de llegar a la vejez puede variar significativamente. Los expertos coinciden en que el ejercicio físico es un pilar fundamental para mantener la autonomía, la salud y la vitalidad. En etapas como la jubilación, suelen aparecer dolores frecuentes, especialmente en la zona lumbar y las rodillas.
Miguel Ferrándiz, entrenador personal y fundador de Welfare, destaca la importancia del entrenamiento de fuerza adaptado para las personas mayores. En una entrevista, puso el foco en el dolor lumbar, un padecimiento muy común en esta etapa de la vida.
«En la jubilación se sufre de dolor lumbar porque se pasa mucho tiempo sentado», explicó Ferrándiz. «Los músculos que deberían estabilizar la espalda se debilitan y la zona lumbar se sobrecarga. Por eso siempre recomiendo moverse, no estar mucho rato sentado y complementar con entrenamiento de fuerza en el core y los glúteos, que son los músculos que ayudan a sujetar la zona lumbar».
El especialista señaló que, si bien existe cierta resistencia psicológica a comenzar a entrenar a cierta edad, la actividad física guiada y adaptada es altamente recomendable. «Lo que se hace es trabajar siempre con ejercicios adaptados a cada persona. Si alguien tiene debilidad al andar, se insiste en ejercicios de tren inferior para fortalecer esa musculatura y mejorar el día a día», detalló.
Entre los principales beneficios del entrenamiento de fuerza, Ferrándiz enumeró:
- Prevención de la sarcopenia: Frena o revierte la pérdida natural de masa muscular y fuerza asociada a la edad.
- Reducción del riesgo de caídas y fracturas: Al mejorar la fuerza de las piernas, se gana equilibrio y estabilidad.
- Fortalecimiento óseo: El estímulo mecánico del músculo conlleva un fortalecimiento de los huesos.
- Impacto en la calidad de vida: Mantener la fuerza muscular promueve la independencia y el bienestar general.
«El entrenamiento de fuerza es vital», concluyó Ferrándiz. «Sin él, toda la estructura está más debilitada, tanto a nivel muscular como articular, y eso conlleva un mayor riesgo de problemas. Tiene un impacto directo en la esperanza y en la calidad de vida de las personas».
