En contextos electorales, los ahorristas argentinos incrementan la compra de dólares como resguardo, un fenómeno que impacta en la disponibilidad de crédito y la actividad económica, según datos del BCRA.
Ante escenarios de incertidumbre política en períodos electorales, se observa en Argentina un incremento significativo en la demanda de dólares por parte de ahorristas e inversores. Según datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA), en el último ciclo electoral se registró una fuerte dolarización de carteras, alcanzando coberturas cambiarias por miles de millones de dólares en el sistema financiero.
El ministro de Economía, Luis Caputo, señaló que el dólar funciona como el «activo seguro» predilecto para cubrirse ante la incertidumbre, a diferencia de lo que ocurre en otras economías donde el efectivo local cumple ese rol. Del total movilizado, una porción importante se destinó a consumo con tarjetas en el exterior y viajes, mientras que otra correspondió a la rotación de depósitos en pesos a dólares. Una parte sustancial de los fondos salió del sistema financiero formal.
Este movimiento, que equivale a una porción considerable del dinero transaccional (M2 privado), fue financiado en gran medida por los ingresos de dólares de las exportaciones agroindustriales. Sin embargo, la contracción en la demanda de pesos que genera este proceso afecta la disponibilidad de crédito en la economía local, dejando un efecto posterior o «resaca» en el nivel de actividad, del cual la economía tarda en recuperarse hasta que se logra una remonetización.
El fenómeno no es nuevo y se ha verificado en otros ciclos electorales recientes. Actualmente, en un año no electoral, la demanda de dólares para atesoramiento continúa, aunque a un ritmo menor. Recuperar el nivel de monetización previo podría extenderse por un período prolongado.
El último Informe de Política Monetaria (IPOM) del BCRA analiza este comportamiento y sus consecuencias. Expertos señalan que la anticipación de estos ciclos de dolarización y la búsqueda de marcos de política económica predecibles podrían ayudar a mitigar su impacto en el futuro, generando mayor estabilidad para ahorristas y para el crédito productivo.
