El incremento superior al 40% en el precio del gasoil durante 2026 afecta directamente los costos operativos del sector pesquero, llevando a la paralización de flotas en Mar del Plata y generando preocupación por el abastecimiento y las exportaciones.
La industria pesquera argentina ha emitido una alerta por el impacto directo del aumento del precio del gasoil en su estructura de costos. Según informaron las cámaras del sector, el combustible acumula una suba superior al 40% en lo que va de 2026, lo que ya ha derivado en la paralización de parte de la flota de fresqueros y costeros en Mar del Plata, con posibles consecuencias para el abastecimiento interno.
Las entidades representativas presentaron un pedido formal ante la Subsecretaría de Recursos Acuáticos y Pesqueros solicitando medidas urgentes frente a lo que definieron como un «deterioro acelerado» de la actividad. El gasoil, que representa entre el 20% y el 45% del costo operativo de un buque según el tipo de flota, se ha convertido en el factor crítico que compromete la rentabilidad.
«Estábamos al borde del precipicio y con esto dimos un paso al frente», sintetizaron desde el sector. Eduardo Boiero, presidente de la Cámara de Armadores de Pesqueros y Congeladores de la Argentina (Capeca), explicó que el aumento hará que flotas de menor porte no puedan operar sobre especies cuyo valor de mercado no cubra los nuevos costos.
Diego García Luchetti, presidente de la Cámara Argentina de Armadores de Buques Pesqueros de Altura (Caapba), advirtió que el combustible puede representar entre el 30% y el 50% del valor de producción de una marea, volviendo antieconómica la salida a pesca. Además, remarcó que este incremento no puede trasladarse a los precios finales, ya que el valor del pescado fresco en muelle se mantiene estable.
Los empresarios también señalaron la carga impositiva específica, donde el Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL) y el tributo al CO2 suman cerca del 17% del precio final, y se actualizan trimestralmente por inflación. A esto se suman factores externos como la desestabilización de las rutas comerciales por conflictos bélicos, que encarecieron los fletes, y una retracción en la demanda de mercados clave como Europa.
El impacto es generalizado: mientras la flota de altura opera con márgenes muy ajustados, la situación en el segmento costero es crítica, con caídas en las descargas. La industria, octavo complejo exportador del país, enfrenta un escenario de alta incertidumbre que paraliza la planificación.
