Analistas observan cómo discursos con referencias bíblicas y escatológicas influyen en la retórica de algunos actores del conflicto en Medio Oriente, generando un debate sobre la intersección entre fe y política exterior.
En el marco del reciente conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, diversos analistas han señalado la recurrencia de discursos que incorporan referencias religiosas y visiones escatológicas por parte de algunas figuras políticas y líderes religiosos. Esta tendencia ha puesto en evidencia cómo ciertas interpretaciones de textos sagrados pueden influir en la narrativa pública sobre los conflictos internacionales.
Tras la operación militar denominada «Furia épica» a fines de febrero, varios miembros de la administración estadounidense anterior hicieron declaraciones en las que destacaron el componente religioso del gobierno iraní, describiéndolo como un «régimen loco» guiado por «ilusiones islámicas proféticas». Paralelamente, algunas personalidades evangélicas influyentes en Estados Unidos interpretaron los eventos como un cumplimiento de profecías bíblicas relacionadas con el fin de los tiempos y el papel de Israel.
Expertos en estudios religiosos, como André Gagné de la Universidad Concordia, explican que una parte significativa del electorado evangélico estadounidense adhiere a visiones premilenaristas o dispensacionalistas. Estas corrientes interpretan la historia y la geopolítica, particularmente los eventos en Medio Oriente, a través de un prisma de profecías bíblicas, donde Israel ocupa un lugar central.
Este fenómeno no es nuevo. Situaciones similares se dieron durante la guerra de Irak en 2003, el asesinato del general iraní Qasem Soleimani en 2020, e incluso en episodios de la Guerra Fría. En 2003, el entonces presidente George W. Bush hizo referencia a «Gog y Magog» en una conversación con el presidente francés Jacques Chirac, lo que generó desconcierto en el lado europeo del Atlántico, donde esta mezcla de escatología y geopolítica es menos común en el discurso oficial.
El contraste entre las perspectivas resulta evidente. Mientras que desde Estados Unidos se condena al adversario por actuar bajo una «visión apocalíptica» de la teología, desde el mismo país emergen narrativas que también enmarcan el conflicto en términos de profecías bíblicas y una supuesta «guerra justa». Este cruce plantea interrogantes sobre cómo las creencias religiosas moldean las percepciones y las justificaciones en el ámbito de la política internacional.
