Expertos analizan por qué algunas personas optan por callar en situaciones de tensión, los motivos detrás de esta conducta y sus posibles consecuencias para el bienestar emocional.
Si bien el diálogo suele considerarse la vía para el entendimiento, en ocasiones la comunicación directa puede generar roces. Frente a esto, muchas personas eligen el silencio como mecanismo para evitar conflictos potenciales. La psicología ofrece un análisis de este comportamiento.
En un artículo publicado en la revista española ¡Hola!, la psicóloga Lara Ferreiro describe distintos estilos de comunicación. Identifica el estilo agresivo, propio de quienes dicen todo lo que piensan sin medir consecuencias; el estilo pasivo-sumiso, de quienes callan o solo dicen lo que creen que el otro quiere escuchar; y el estilo asertivo, que busca un equilibrio sin caer en la agresión ni en la hipocresía.
¿Qué impulsa la estrategia del silencio? Ferreiro señala que, en muchos casos, detrás de esta actitud se esconde el miedo. «Muchas personas temen expresar lo que sienten por miedo al rechazo o al abandono», explica. Se trataría de una estrategia, a veces inconsciente, para preservar vínculos, aunque pueda afectar el propio bienestar.
Otros motivos incluyen la dificultad para abordar temas complejos, lo que genera ansiedad y lleva a evitar la confrontación. Este patrón puede estar relacionado con cierta fobia social o con el temor al juicio ajeno, un factor potenciado en la era de las redes sociales.
Además, existe una creencia errónea que asocia el ser «buena persona» con no quejarse ni poner límites. «Ser una buena persona no significa dejar que se aprovechen de ti. Algunas sienten que, si dicen lo que piensan, son egoístas, cuando en realidad están protegiendo su salud emocional», aclara la especialista.
Las Personas Altamente Sensibles (PAS) constituyen otro grupo propenso a evitar conflictos. Estudios de la Universidad de Harvard confirman que suelen reaccionar con gran intensidad ante situaciones tensas, por lo que el silencio puede ser un recurso frecuente.
Este mecanismo suele aprenderse en la infancia, en entornos familiares donde los problemas emocionales eran tabú y se ocultaban en lugar de hablarse. Cuando la estrategia de callar se vuelve recurrente, puede tener efectos negativos, como la acumulación de frustración o el deterioro de la autoestima.
