Un neurólogo de la Clínica Mayo explica cómo los ronquidos frecuentes e intensos pueden afectar la estructura del cerebro y aumentar el riesgo de problemas neurológicos futuros.
Los ronquidos, comúnmente considerados una molestia para el descanso, podrían tener consecuencias más profundas en la salud neurológica, según advierte el neurólogo Baibing Chen, formado en la Universidad de Michigan y miembro de la Clínica Mayo. El especialista señala que las manifestaciones más ruidosas e intensas pueden interrumpir constantemente el suministro de oxígeno al cerebro, lo que derivaría en posibles daños.
«Los ronquidos, especialmente si son fuertes u ocurren casi todas las noches, pueden ser el aviso de la interrupción momentánea de la respiración durante el sueño, lo cual provoca pequeñas lesiones en los vasos sanguíneos», indicó Chen. Estos daños, agrega el neurólogo, «están relacionados con accidentes cerebrovasculares silenciosos e incluso con un mayor riesgo de demencia en el futuro».
Según el experto, «roncar, literalmente, altera la estructura del cerebro». Las investigaciones han demostrado que las personas que roncan con frecuencia pueden perder materia gris en áreas que controlan la memoria y el pensamiento. «Las regiones del cerebro involucradas -como el hipocampo, que es muy importante para la memoria- van encogiéndose», detalló. La consecuencia más palpable sería un pensamiento más lento y dificultades para concentrarse durante el día.
Además, los ronquidos afectan la calidad del sueño. Las vibraciones generadas son suficientes para despertar el cerebro repetidamente, incluso si la persona no lo recuerda. «Los ronquidos, en sí mismos, pueden alterar el sueño profundo, especialmente en la fase N3, la que te hace despertar renovado», puntualizó Chen. Al interferir con esta etapa, el sueño resulta menos reparador y el cerebro no se ‘limpia’ adecuadamente durante la noche.
Para contrarrestar los ronquidos, la Clínica Mayo brinda algunas estrategias básicas. Se recomienda prestar atención a la intensidad y frecuencia para determinar la gravedad. Si el problema está generado por una respiración bucal, pueden indicarse tiras o dilatadores nasales, una cirugía de nariz (si el tabique está desviado), tratamientos antialérgicos o para la congestión. Si estas alternativas no funcionan, podrán indicarse férulas o dispositivos bucales. El médico evaluará si es necesario un estudio del sueño para descartar la presencia de apneas.
