Hace más de 70 años ya vimos a James Stewart sentado durante más de una hora y media en La ventana indiscreta. Jimmy en la película de Alfred Hitchcock era un fotógrafo con un yeso en una pierna, en una silla de ruedas, que intentaba resolver un crimen que aparentemente ocurría en el edificio de enfrente.
Ahora, sin comparar al director de Psicosis con el nacido en la ex Unión Soviética Timur Bekmambetov (productor de La guerra de los mundos, que estrenó en Amazon y es considerada una de las peores películas del 2025), ni a Stewart con Chris Pratt, en Sin piedad tenemos al actor de la saga de Jurassic World y Guardianes de la galaxia sentado durante una hora y media, tratando de resolver un crimen.
Las diferencias no son pocas, porque Chris Raven (Chris Cuervo, sería la traducción), el personaje de Pratt, está atado en una suerte de silla eléctrica, y el acusado de cometer un asesinato no es otro que él.
Se presume culpable
Y encima lo acusan de acuchillar a su esposa.
El tema de Sin piedad es la JusticIA. Sí, la JusticIA, con Inteligencia Artificial. En un futuro no muy lejano, y ante el aumento de la criminalidad en Los Angeles (¿les suena?) y para bajar las tasas de asesinatos, ya no existen jueces ni jurados de carne y hueso. La encargada de impartir justicia es una jueza creada por Inteligencia Artificial (Rebecca Ferguson).
No es como Minority Report (Sentencia previa), de Steven Spielberg sobre un relato de Philip K. Dick, en la que Tom Cruise era un oficial de una unidad especial de policía que apresaba criminales antes de que cometieran el delito, y él era acusado de un (futuro) asesinato.
En Sin piedad, cuyo título original es completamente lo contrario, ya que es Mercy (o sea, piedad) Raven tiene que probar su inocencia ante esta jueza que él mismo impulsó en su creación. Tiene 90 minutos para hacerlo desde allí, sentado y atado. Puede llamar por teléfono a testigos o a quienes quiera, ver lo que registran o registraron las cámaras de seguridad, y hasta tiene acceso a celulares.
Acabado el tiempo, y si no baja el “porcentaje de culpabilidad” del que se lo presume culpable, termina electrocutado ahí mismo.
Una JusticIA rápida, resolutiva y, claro, polémica.
Algo de originalidad
La premisa tiene su originalidad, y el desarrollo también tiene los suficientes elementos como para entretener y divertir a los espectadores. Está el bendito contador de minutos en la pantalla, que va bajando casi en tiempo real, y si bien todos suponemos que Raven, que se despierta allí atado, y no entiende qué pasó, y por más que las imágenes lo compliquen un poco, bueno, es Chris Pratt y no puede -no debería- ser culpable.
El único y no menos importante problema que tiene Sin piedad es que al intrincado camino por el que Raven intenta demostrar que él no asesinó a su esposa (Annabelle Wallis, de Maligno y Annabelle) -el cuerpo fue hallado por su hija (Kylie Rogers, vista en Yellowstone) se le suman unas vueltas y más vueltas de tuerca con las que el disparador termina quedando en el olvido y todo pasa a ser una película de acción. Ahí sí, sin más vueltas.
Sin piedad es entretenida, tiene a un tipo carismático como Chris Pratt, bien secundado hasta por Kali Reis y por Chris Sullivan, hasta que todo se desmadra.
“Sin piedad”
Buena
Thriller. Estados Unidos, 2026. Título original: “Mercy”. 100’, SAM 13. De: Timur Bekmambetov. Con: Chris Pratt, Rebecca Ferguson, Kali Reis, Annabelle Wallis, Chris Sullivan, Kylie Rogers. Salas: IMAX, Cinemark Palermo, Hoyts Dot, Showcase Belgrano, Norcenter y Haedo, Cinépolis Recoleta y Houssay.
