El sector agroindustrial, históricamente principal generador de divisas, comparte protagonismo con la minería y Vaca Muerta. Un especialista sostiene que el país atraviesa una reconversión productiva y enumera desafíos en infraestructura, tecnología y capital humano.
El agro argentino ha tenido durante décadas un rol fundamental en la matriz económica argentina como principal sector exportador, teniendo la responsabilidad, en algunos momentos casi exclusiva, de ser el generador de divisas que posibilitara la estabilidad macroeconómica y el crecimiento para el país.
En la actualidad, el desarrollo de proyectos mineros de gran escala y la expansión de Vaca Muerta permiten diversificar esa matriz exportadora, posibilitando un cambio que, de convertirse en estructural, le dé al sector agroindustrial argentino la chance de compartir el protagonismo, algo que en lugar de representar una amenaza, debe ser visto como un cambio firme para redefinir su rol, pasando de ser el sector que recibe toda la presión para generar las divisas que el país necesita, a ser uno que pueda ser visto como una plataforma de agregación de valor, desarrollo regional, innovación y generador de empleos de calidad.
“Argentina está en un proceso de reconversión de esta matriz productiva”, indicó un economista.
Si esta diversificación se consolida, la restricción externa puede ser aliviada, siendo el país menos vulnerable en términos económicos, y disponiendo de condiciones más favorables para la inversión.
Para ello, es importante consolidar el camino de generación de estabilidad macroeconómica, respeto por la ley, desarrollo de infraestructura adecuada y políticas de largo plazo que promuevan la producción y la inversión. El agro argentino tiene todo el potencial para poder crecer con reglas claras y justas.
El gran desafío para el sector agroindustrial pasa, por lo tanto, por generar más a partir de la extraordinaria base desde la cual partimos, produciendo mayores cantidades pero también generando mayor valor, estimulando la producción primaria en cada una de las economías regionales y fomentando además el desarrollo de proyectos industriales, de servicios y comerciales.
Esta evolución debe basarse en el conocimiento y la tecnología, tomando en consideración la inteligencia artificial, la agricultura de precisión, la biotecnología, el uso de sensores, entre otros.
Además, la industrialización de la biomasa permite abrir oportunidades en biocombustibles, biogás, biomateriales y otros productos que sean la base de nuevas cadenas industriales, de alto valor agregado y diferenciación.
Todo, por supuesto, poniendo el foco en la sostenibilidad, que hoy no puede ser vista únicamente como una cuestión meramente ambiental, sino como un elemento de inserción comercial internacional. Acceder a mercados y mantenerlos dependerá de profundizar aspectos como la trazabilidad, la medición de la huella de carbono, el cuidado de los recursos edáficos y el cumplimiento de estándares internacionales.
Para poder sostener un crecimiento y desarrollo sostenible en el tiempo, económicamente viable y que permita garantizar adecuadamente la provisión de productos al mercado interno y al externo, es necesario contar con infraestructura acorde a las necesidades. Es fundamental reducir los costos logísticos y mejorar la competitividad de todas las economías regionales, fomentando la coordinación de inversiones que sean transversales a distintos sectores y que den prioridad al desarrollo productivo general.
El desarrollo no es sostenible, sin embargo, si no se considera el capital humano.
Los agronegocios demandan en el presente, y lo harán más en el futuro, profesionales idóneos, capacitados, con distintas habilidades y conocimientos que les permitan gestionar la complejidad de un sector cada vez más integrado, apoyándose en una visión integral y sistémica de lo productivo, lo económico financiero, lo tecnológico y lo logístico, además del desarrollo de habilidades blandas como el liderazgo, la empatía, el trabajo en equipo, la comunicación efectiva y el pensamiento crítico para estimular la resolución de problemas y generación de nuevas oportunidades.
El futuro del agro argentino, por lo tanto, dependerá no solamente de cuánto más se puede producir sino de la capacidad de poder sostenerlo en el tiempo, y convertir ese crecimiento en desarrollo que exige y obliga a pensar el sector desde diferentes ángulos y perspectivas, formando parte hoy de un ecosistema integrado entre producción, industria, servicios, ciencia y tecnología.
Argentina tiene el gran desafío de desarrollarse y el agro debe ocupar un lugar central en ese proceso, impulsando el crecimiento, la innovación, la inversión y el empleo de calidad.
* Director de las Carreras de Ciencias Agrarias de la Universidad de Belgrano.
