El edificio, una antigua casona familiar declarada Monumento Histórico Nacional, alberga un liceo de señoritas que dictaba clases nocturnas porque las alumnas trabajaban durante el día en casas de familia, talleres o fábricas.
Hacia finales del siglo XIX, la sociedad porteña debatía si se debían otorgar derechos a los extranjeros inmigrantes, se cuestionaban las condiciones de vida en los conventillos y la ausencia de leyes laborales, mientras florecía la Avenida de Mayo y surgían los palacetes franceses.
En este contexto, el 13 de julio de 1897, diez días antes de renunciar a su cargo, Antonio Bermejo, ministro de Justicia e Instrucción Pública, dio a conocer el decreto que fundó la primera Escuela de Comercio para Mujeres de la Argentina.
Bermejo sostuvo los ideales pedagógicos de Sarmiento y fue el mismo funcionario que inspiró la creación del Museo Nacional de Bellas Artes, la Facultad de Filosofía y Letras y el Otto Krause. Casi un año después, el 21 de abril de 1898, el liceo de señoritas comenzó sus actividades con un programa que incluyó aprendizajes distantes de los roles de género de entonces. Ninguna materia respondió a los tradicionales roles de madres, esposas o amas de casa.
Su primer curso fue de 101 alumnas que concurrían de noche porque durante el día trabajaban como obreras de fábricas, talleres textiles, de confección o empleadas en casas de familia, como cocineras, planchadoras o lavadoras. La meta fue capacitarlas para tareas administrativas y comerciales.
En un comienzo, cursando dos años, de lunes a sábados de 18 a 21:30, se impartían estudios específicos sobre comercio: correspondencia, aritmética, taquigrafía, caligrafía, mecanografía y telegrafía, entre otras materias afines para desempeñarse, por ejemplo, como ayudante contable.
La creación de este establecimiento, al que años después se le impuso el nombre de Antonio Bermejo, fue un acontecimiento social y cultural en una época en la cual la mujer no trascendía fácilmente los límites del hogar y los prejuicios eran moneda corriente. Diferente era el panorama para las chicas de familias pudientes que disponían de tutores particulares o asistían a espacios pedagógicos privados de influencia británica o confesionales, o concurrían al Colegio Nacional Buenos Aires para recibirse de bachiller. Otra opción admitida era estudiar para ser maestra.
La equidad de género
En 1901, la directora Eusebia Silveyra de Rojas, egresada del Normal 1 de Capital Federal, escribió en la Memoria del Bermejo que las primeras 10 graduadas ya estaban trabajando en áreas contables de casas de comercio u oficinas. Ante tal calidad de capacitación, la profesora puso como requisito que las aspirantes a ingresar tuvieran primaria completa o que rindieran un examen.
Silveyra de Rojas fue una educadora que participó en organizaciones pioneras como el Consejo Nacional de Mujeres, donde compartía tribuna con representantes clave del feminismo, como Cecilia Grierson, y dejó su sello en el camino de la equiparación de derechos profesionales. En su residencia se efectuaron los cursos preparatorios de las primeras estudiantes.
En 1902, según el Boletín Oficial, formaban parte del cuerpo de profesoras figuras como Eva C. Basavilbaso en historia argentina y geografía comercial; Ana Mauthe en aritmética y contabilidad; la escritora e intelectual peruana Clorinda Matto de Turner en correspondencia, idioma y telegrafía; mientras que la profesora de inglés era Leonor S. de Linay y de francés la propia directora y María de Lacase.
Otra de las educadoras, Olga B. de Guillot, en el contexto del Primer Congreso Femenino Internacional realizado en 1909, argumentó para que algunas materias fueran más prácticas y menos teóricas. A la par, instó al Estado Nacional a abrir escuelas comerciales para chicas en toda ciudad con más de cinco mil habitantes. Esto no ocurrió.
Para la década de 1910, entre el personal docente estaban también la médica, feminista y política Alicia Moreau de Justo, quien dictó clases sobre biología y merceología; el periodista y escritor Juan José de Souza Reilly y el diputado, escritor y periodista Bernardo González Arrili.
Entre las egresadas notables, aquí estudiaron Ángela Bernasconi, quien fue la primera mujer en recibirse de doctora en ciencias económicas, y Zulema G. Sullivan, artífice de la Asociación Argentina de Secretarias y organizadora de la carrera de secretaria ejecutiva.
El comercial de señoritas tardó muchos años en contar con una sede permanente. Circuló por varios edificios: en Corrientes 643, en Bolívar 531 y 355 de la misma calle y en Humberto Primo 782 hasta que el 5 de marzo de 1925 se afincó en Callao 628, casi esquina Tucumán, en un viejo caserón construido en 1868, propiedad de Andrés Costa.
De fachada histórica italianizante, con una balaustrada en la parte superior al borde del techo, el edificio expone una sensación de altura y elegancia. Ocupa una parcela ancha, de unos 20 m. En lo patrimonial arquitectónico se destaca el sólido portón de ingreso de madera de dos hojas y, a ambos lados, la secuencia de ventanas con arcos de medio punto y rejas de hierro voladas, separadas por semicolumnas con capiteles jónicos y otros ornamentos.
Al cruzar el pequeño hall se accede al primer patio, el preservado de los tres que tenía la vivienda original, con sus tres palmeras que llaman la atención desde la vereda de enfrente. El 19 de octubre de 2012, el Poder Ejecutivo declaró Monumento Histórico Nacional esta parcela edificada hace 158 años.
El último hito ambulante
Ante la necesidad de ampliar la cantidad de aulas por la afluencia de alumnas, el 14 de abril de 1966 se mudaron provisionalmente a una propiedad ubicada en calle Juncal 1258, conocida como la “casita colonial”, erigida en 1875. Lo temporario duró 28 años.
Finalmente, el 14 de julio de 1994 se inauguró la extensión edilicia por la calle Riobamba 623, con una estructura moderna de cinco pisos en el terreno que antes formaba parte de los fondos de la casa de Callao. Aulas, salón de actos, biblioteca, gimnasio techado, cancha de futsal, patios y una cuarta palmera integran el conjunto donde se despliegan las actividades cotidianas.
Entre las fechas clave está el 28 de febrero de 1905, cuando un decreto la catalogó como Escuela “Superior” de Comercio para Mujeres. En 1985 dejó de ser solo para señoritas ya que se incorporaron los varones, se hizo mixta y en la actualidad la matrícula es de un millar de estudiantes.
Verónica Torrico Pareja, rectora desde hace dos años, relata: “en el turno noche, donde hay solo un centenar de alumnos incluyendo a adultos, se da un hecho curioso y valorado: hay una madre que cursa junto con su hijo, lo cual motiva que ambos se estimulen. En cuanto al título al graduarse, dejó de ser perito mercantil, dado que luego de una reforma general de la normativa, todos se reciben de bachilleres con alguna orientación; en nuestro caso en Economía y Administración, tal cual fue el ideario fundacional”.
La funcionaria cuenta que “dentro de las prácticas externas de quinto año toman contacto con el mundo del trabajo para aprender cómo funciona una oficina o una empresa. Esto forma parte de nuestra misión, que es lograr que los alumnos se identifiquen con la ‘cultura bermejeana’, que cuiden el colegio, que quieran venir y que se sientan bien en este espacio”.
Por su parte, Horacio Aquino, jefe de preceptores, con 36 años en la escuela, refiere: “Esta escuela me dio todo, cosas buenas, muy buenas y malas. Me desempeñé en distintas áreas haciendo lo mejor posible. Y estoy agradecido porque además fui estimulado por las autoridades para capacitarme ya que cursé la carrera de counselor con especialización en desarrollo personal”. Asegura: “Trabajamos en equipo con objetivos a futuro y uno se siente parte. Ejemplo de este estilo institucional fue la muy querida y valorada María Lía Cánepa, una profesora de lengua y literatura que murió en 2020 y que demostró gran entrega, compromiso y pasión. Siempre la evocamos”.
Para Jorge Puch, empleado desde hace 29 años cuando ingresó como auxiliar y que pasó a ser casero en 2009, “lo más importante de mi función es estar atento a todos los problemas edilicios y manejarme con los oficios y los profesionales para concretar mejoras, que han sido muchas”.
Merced a la gestión de conservación patrimonial a cargo del Ministerio de Educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, la sede definitiva de la hoy denominada Escuela de Comercio N° 2 DE 1 “Antonio Bermejo” luce impecable, donde el patio de las tres palmeras es el sitio preferido de los exalumnos que se toman fotos o selfies como recuerdo de su paso por la histórica escuela porteña.
