La NOAA informó que la temperatura del Pacífico central y oriental superó en más de 2°C los niveles normales. Las proyecciones indican más lluvias en el noreste argentino y sequías en Asia, Australia y África.
El fenómeno de El Niño alcanzó la categoría de «muy fuerte» o «super El Niño» luego de que la temperatura del océano Pacífico central y oriental superara en más de 2°C los niveles normales. El evento, que comenzó a desarrollarse en junio, podría alcanzar su máxima intensidad a comienzos de 2027 y convertirse en uno de los más fuertes de los que se tenga registro.
Según datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) difundidos el 14 de septiembre y recogidos por Al Jazeera, el calentamiento ya atravesó el umbral que permite considerar al episodio como un El Niño muy fuerte. Las proyecciones del Climate Prediction Center de la NOAA indican además que podría mantenerse hasta el período comprendido entre marzo y mayo de 2027.
El fenómeno tiene especial relevancia para la Argentina porque históricamente modifica los patrones de lluvias en buena parte de Sudamérica. Las proyecciones citadas por Al Jazeera señalan que entre septiembre de 2026 y enero de 2027 podrían registrarse condiciones más húmedas de lo habitual en el sur de Brasil, Uruguay y el noreste argentino.
Más lluvias para una parte de la Argentina
El Niño se produce cuando las aguas del Pacífico ecuatorial central y oriental registran temperaturas superiores a las normales. Esa alteración modifica la circulación atmosférica y puede provocar importantes cambios en las lluvias y las temperaturas a miles de kilómetros de distancia.
Para Sudamérica, uno de los principales efectos de un episodio intenso suele ser el aumento de las precipitaciones en determinadas regiones.
Según el informe, las condiciones más húmedas comenzarían a sentirse sobre las costas de Ecuador y el norte de Perú a comienzos de 2027, mientras que en el sur de Brasil, Uruguay y el noreste argentino el período de mayor influencia se extendería entre septiembre y enero.
Para la Argentina, la evolución del fenómeno será seguida especialmente por el sector agropecuario. Una mayor disponibilidad de agua puede favorecer a los cultivos cuando permite recuperar humedad en los perfiles del suelo, pero un exceso de precipitaciones también puede complicar las labores, provocar anegamientos y afectar rindes y calidad.
La propia Organización Meteorológica Mundial (OMM) advierte, sin embargo, que la intensidad de El Niño no determina automáticamente la magnitud de sus efectos en cada región. También intervienen las temperaturas y los patrones de circulación de los océanos Atlántico e Índico, por lo que dos episodios de similar intensidad pueden generar consecuencias diferentes.
Sequías en Asia, Australia y África
Mientras algunas regiones enfrentarían mayores precipitaciones, otras podrían atravesar el problema contrario.
Los episodios fuertes de El Niño suelen provocar condiciones más secas en el sur y sudeste de Asia, Australia y el sur de África.
India ya registró precipitaciones 15% inferiores al promedio entre el 1° de junio y el 9 de septiembre, mientras que Indonesia enfrenta una temporada más seca y un mayor riesgo de incendios forestales.
Australia también proyecta lluvias por debajo de los niveles habituales en buena parte de sus regiones del sur y este, combinadas con temperaturas más altas que podrían aumentar el peligro de incendios.
En Sudáfrica, el servicio meteorológico prevé precipitaciones inferiores a lo normal y temperaturas superiores al promedio durante buena parte de la primavera y el verano.
Alerta por la producción mundial de alimentos
Uno de los principales riesgos económicos del nuevo escenario está vinculado con la producción y el abastecimiento mundial de alimentos.
El Programa Mundial de Alimentos (PMA) estima que El Niño podría llevar a otros 49 millones de personas a una situación de inseguridad alimentaria aguda hacia fines de 2027.
En los 45 países analizados por el organismo, la cantidad de personas alcanzadas podría pasar de 225 millones a 274 millones. América Latina y las regiones oriental y austral de África aparecen entre las áreas con mayor exposición.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señaló que cultivos dependientes de las lluvias, entre ellos maíz y arroz, se encuentran entre los más vulnerables.
El riesgo es que la combinación de sequías en importantes regiones productoras y excesos hídricos en otras zonas afecte las cosechas y termine trasladándose a los mercados internacionales de alimentos.
«El Niño es una amenaza enorme para la seguridad alimentaria de millones de personas que ya son vulnerables», advirtió Carl Skau, director ejecutivo interino del Programa Mundial de Alimentos, según consignó Al Jazeera.
El otro riesgo: un 2027 todavía más caluroso
El impacto no se limitaría a las precipitaciones. El Niño también suele elevar la temperatura media global, y su efecto más importante suele aparecer durante el año siguiente al comienzo del fenómeno.
La OMM prevé temperaturas superiores a las normales en casi todo el planeta entre septiembre y noviembre. Además, estima una probabilidad del 86% de que al menos uno de los años comprendidos entre la actualidad y 2030 supere a 2024 como el más cálido registrado.
«El Niño previsto para finales de 2026 aumenta las posibilidades de que el año siguiente, 2027, sea el próximo año récord», explicó Leon Hermanson, responsable de esas proyecciones.
Así, la consolidación de un «super El Niño» abre un nuevo frente de atención para los mercados agrícolas y las economías dependientes del clima. En la Argentina, las miradas estarán puestas especialmente sobre la evolución de las lluvias durante la primavera y el verano, meses decisivos para buena parte de la producción agrícola.
Fuente: Agencia Aljazeera
