Un trabajo del IERAL analizó 28 campañas agrícolas en 196 departamentos de seis provincias y encontró que los rendimientos de maíz y soja fueron superiores al promedio histórico durante los episodios Niño. La diferencia potencial de producción se calcula en 5,6 millones de toneladas de maíz y 5,4 millones de soja.
Un informe elaborado por Juan Manuel Garzón y Valentino Costamagna, del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), analizó el comportamiento de los rendimientos agrícolas durante las diferentes fases del fenómeno ENSO en 196 departamentos de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, La Pampa, Santa Fe y Santiago del Estero. Esas zonas representan una superficie cosechada promedio superior a 18 millones de hectáreas.
El trabajo tomó como base 28 campañas: 10 correspondientes a períodos Niño, 12 a La Niña y seis a condiciones neutrales. Los resultados muestran que los rindes tienden a ubicarse por encima de sus niveles históricos durante los años Niño, mientras que se deterioran durante La Niña.
Para el maíz, las campañas Niño registraron un rendimiento promedio 10,3% superior al nivel histórico, mientras que en años La Niña el resultado fue 9,9% inferior. En soja total, el rendimiento fue 10,8% superior al promedio histórico durante los episodios Niño, frente a una caída de 9,8% durante La Niña. En soja de segunda, la diferencia entre ambos escenarios alcanza 27 puntos porcentuales.
El informe señala que la respuesta frente al ENSO no es homogénea y varía según el cultivo y la región. En Córdoba, la diferencia entre los rendimientos obtenidos en campañas Niño y La Niña llega a 22,3 puntos porcentuales en soja y a 17,1 puntos en maíz. Santa Fe también presenta una respuesta importante, especialmente en soja, mientras que Entre Ríos muestra una de las relaciones más marcadas entre el comportamiento climático y los resultados productivos. En Santiago del Estero, la relación entre el ENSO y los rindes es considerablemente más débil.
El análisis indica que no alcanza con saber cuánto llueve: también importa dónde se producen las precipitaciones, en qué momento llegan, cómo evoluciona la temperatura y cuál es la disponibilidad de agua durante las etapas críticas de los cultivos.
El informe encuentra una relación positiva entre la intensidad del índice ONI y los rendimientos, aunque de magnitud moderada. Los autores sostienen que la intensidad de El Niño funciona principalmente como un indicador de probabilidades y no como una fórmula que permita anticipar el rendimiento de cada lote. Como antecedente, mencionan la campaña 2023/24, asociada a un episodio Niño fuerte, en la que diferentes factores productivos y sanitarios condicionaron los resultados en determinadas regiones.
Tomando como referencia una superficie sembrada y cosechada similar a la de campañas recientes, el IERAL estima que un escenario Niño podría aportar aproximadamente 5,6 millones de toneladas adicionales de maíz y 5,4 millones de toneladas de soja, en comparación con los rindes típicos utilizados como referencia. En conjunto, la diferencia se aproxima a 11 millones de toneladas adicionales entre ambos cultivos.
Utilizando precios FOB de referencia de USD 240 por tonelada para el maíz y USD 500 para la soja, el incremento potencial de producción implicaría un valor cercano a USD 4.000 millones.
El informe concluye que los escenarios Niño históricamente estuvieron asociados con mejores rindes de maíz y soja que los períodos La Niña, pero que entre esa señal climática y las toneladas finalmente cosechadas intervienen variables como la distribución de las lluvias, la disponibilidad de agua en los perfiles, las temperaturas, las fechas de siembra, el manejo agronómico y la evolución sanitaria.
