El lunes, los periodistas acreditados en la Casa Rosada encontraron su sala de trabajo con cajones abiertos y pertenencias desordenadas. La Policía Federal investiga el hecho.
El lunes, los periodistas acreditados en la Casa Rosada regresaron a su sala de trabajo y hallaron la puerta abierta, los cajones revisados y papeles y bolsas en el piso. Fabián Waldman publicó un video y dos fotografías que muestran escritorios abiertos y pertenencias fuera de lugar.
Waldman declaró: “Antes de LLA los acreditados teníamos la llave, abríamos y cerrábamos. Hoy la seguridad está peor que antes”. Desde la reapertura de la sala en mayo, la llave quedó bajo control de la Casa Militar y los periodistas no pueden administrar el acceso.
Al menos seis cajones fueron abiertos. Se constataron faltantes de cartones de leche, paquetes de yerba y otros insumos. No se detectó ingreso a computadoras ni desaparición de equipos, aunque algunos acreditados denunciaron la falta de elementos de trabajo.
Los periodistas no pueden ingresar durante el fin de semana, salvo que exista una actividad oficial. En ese período solo circulan personal de seguridad, trabajadores de limpieza y funcionarios habilitados. Desde el Gobierno afirmaron que el lugar permaneció cerrado, pero no explicaron cómo aparecieron los cajones revueltos ni quién ingresó.
La Policía Federal abrió una investigación. Agentes del Departamento Unidad Búsqueda de Evidencia entraron al recinto para tomar huellas y los acreditados formalizaron una denuncia. No se había identificado a ningún responsable.
El Foro de Periodismo Argentino expresó su “extrema preocupación” y destacó que no había signos de cerraduras forzadas. FOPEA responsabilizó al Poder Ejecutivo por la seguridad del espacio y reclamó que los periodistas recuperen la llave. ADEPA también exigió un esclarecimiento.
El hecho se produjo en un clima de tensión entre el Gobierno y la prensa. En abril, la Casa Rosada cerró durante varios días el ingreso de periodistas después de denunciar a dos trabajadores de TN por filmar pasillos con anteojos inteligentes. La acusación fue desestimada, pero la sala reabrió con controles más rigurosos, circulación limitada y ventanas cubiertas.
Las imágenes prueban solo el desorden, no la autoría ni el motivo. Tampoco permiten afirmar que se haya buscado información periodística. La contradicción es que el Gobierno endureció la custodia, quitó las llaves a los acreditados y, aun así, alguien abrió sus cajones dentro del edificio.
