La ofensiva que Donald Trump prometió que duraría semanas cumple este viernes seis meses desde su inicio. Los ataques dejaron a Irán debilitado pero en pie y tensionaron la economía y la capacidad militar de Estados Unidos. Las conversaciones por un acuerdo se encuentran en un punto muerto y el tráfico por el estrecho de Ormuz sigue ampliamente afectado.
Seis meses después del inicio de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, el conflicto que Donald Trump presentó como una operación breve se convirtió en un enfrentamiento prolongado, con consecuencias políticas, militares y económicas que excedieron las previsiones iniciales. En este escenario, y con el tráfico por el estrecho de Ormuz todavía frenado, Washington parece inaugurar una nueva etapa del conflicto, que ahora se dirimirá entre sanciones económicas y presiones comerciales.
Todo comenzó el pasado 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron los primeros ataques contra Irán. La ofensiva mató al líder supremo iraní, Alí Jameneí, en Teherán y alcanzó instalaciones nucleares y militares en distintos puntos del país. La respuesta iraní extendió rápidamente el conflicto: Teherán atacó activos militares e infraestructura estadounidense en países del Golfo, mientras que Hezbolá lanzó cohetes contra el norte de Israel. Las represalias israelíes se sucedieron desde entonces y, durante un momento del conflicto, la avanzada del gobierno de Benjamín Netanyahu llegó a abarcar el control de una quinta parte del Líbano.
Según las últimas cifras oficiales recopiladas, al menos 4.350 personas murieron en el Líbano, 3.527 en Irán y 28 en los estados del Golfo desde el comienzo de la guerra. A esas víctimas se suman 60 israelíes y 18 militares estadounidenses, muertos en ataques iraníes durante el conflicto. En el caso de Estados Unidos, el Pentágono informó además que 757 militares resultaron heridos.
Impacto en el gobierno de Donald Trump
El índice de aprobación de Trump cayó del 40% al 33% desde el comienzo de la guerra, según las encuestas de Reuters/Ipsos, mientras que el aumento del precio de la nafta impactó sobre una de las principales promesas de su campaña de 2024: reducir el costo de vida de los estadounidenses. El respaldo al conflicto también es bajo: solo el 31% de los estadounidenses aprueba la guerra, una cifra inferior a la registrada durante otros conflictos recientes de Estados Unidos en etapas similares, incluida la guerra de Afganistán.
El escenario representa un problema para el Partido Republicano de cara a las elecciones de mitad de mandato de noviembre, en las que deberá defender mayorías estrechas en ambas cámaras del Congreso. Además, el conflicto profundizó las diferencias dentro del propio oficialismo: por un lado están los republicanos más aislacionistas, que reclaman un final rápido de la guerra; por otro, legisladores que consideran que Trump debería mantener la presión militar sobre Teherán. El republicano enfrenta además un costo económico directo: la guerra ya demandó más de u$s37.500 millones para Estados Unidos.
El petróleo y el estrecho de Ormuz, en el centro de la crisis
Uno de los principales efectos globales de la guerra se produjo sobre el mercado energético. Antes del conflicto, al menos 100 barcos atravesaban diariamente el estrecho de Ormuz, más de la mitad de ellos petroleros, que transportaban decenas de millones de barriles de crudo, además de gas licuado de petróleo y otros productos petroquímicos. Durante los seis meses de guerra, el promedio cayó a siete embarcaciones diarias.
El estrecho, que se reduce hasta unos 34 kilómetros entre Irán y Omán, concentraba aproximadamente una quinta parte del suministro energético mundial. La interrupción del tránsito disparó el precio del petróleo y alimentó los temores a una recesión global. El impacto, sin embargo, fue menor al que muchos economistas habían anticipado inicialmente. El Fondo Monetario Internacional recortó dos veces su previsión de crecimiento mundial desde el inicio de la guerra y ahora calcula una expansión del 3% este año, frente al 3,3% que proyectaba en enero.
El impacto económico se sintió en el precio del Brent, que subió aproximadamente 22%, desde u$s72,48 hasta u$s88,58 por barril al 28 de agosto. Durante la guerra llegó a tocar los u$s120,88 el 30 de abril, un 67% por encima del valor previo al conflicto.
Irán quedó golpeado, pero conserva capacidad militar y el control sobre Ormuz
La ofensiva provocó graves daños sobre las fuerzas armadas y la economía iraní, pero no consiguió sacar a Teherán del conflicto. En mayo, el máximo comandante militar estadounidense para Oriente Medio, el almirante Brad Cooper, afirmó ante el Congreso que las fuerzas estadounidenses habían destruido 161 buques de la Armada iraní e inutilizado el 82% de sus sistemas de defensa aérea. También sostuvo que la Fuerza Aérea iraní, que anteriormente realizaba hasta 100 incursiones diarias, había dejado de llevar adelante esas misiones.
Sin embargo, Irán conserva drones y misiles y logró atacar buques e instalaciones militares estadounidenses en distintos puntos de la región. En marzo, Reuters informó que Estados Unidos podía establecer con certeza que había destruido alrededor de un tercio del arsenal de misiles iraní. Sobre otro tercio no existía el mismo nivel de certeza, aunque fuentes consultadas por la agencia consideraban probable que los bombardeos hubieran dañado, destruido o enterrado esos misiles en túneles y búnkeres subterráneos.
El impacto económico sobre Irán también fue profundo. La guerra dejó miles de muertos, agravó la inflación y alteró el comercio. En julio, la inflación de los alimentos alcanzó el 128% interanual, según el Centro de Estadística de Irán.
El programa nuclear iraní sigue siendo una incógnita
Los ataques estadounidenses e israelíes de junio de 2025 y los primeros meses de la guerra actual provocaron graves daños en tres de las instalaciones de enriquecimiento conocidas de Irán y en sitios sospechados de estar vinculados con trabajos relacionados con armas nucleares. Además, los ataques israelíes provocaron la muerte de destacados científicos nucleares.
Las evaluaciones de la inteligencia estadounidense realizadas en mayo estimaron que Irán podría tardar hasta un año en desarrollar una capacidad nuclear, entendida como el tiempo necesario para producir suficiente material fisible para una bomba. Antes de la guerra, la estimación era de seis meses. Evitar que Irán obtenga un arma nuclear continúa siendo el principal objetivo declarado por Trump. Pero el estado real del programa sigue siendo incierto: los inspectores de Naciones Unidas todavía no regresaron a las instalaciones nucleares iraníes y el Organismo Internacional de Energía Atómica no pudo verificar el paradero de unos 440 kilos de uranio enriquecido al 60% desde los ataques de 2025.
El cambio de discurso de Donald Trump: de una «pequeña excursión» a la obligada presión económica
El contraste entre las previsiones iniciales de Trump y la situación actual se convirtió en uno de los principales rasgos políticos del conflicto. El presidente había presentado la guerra como una «pequeña excursión» que podía resolverse en semanas. Sin embargo, seis meses después, el enfrentamiento continúa y la Casa Blanca pasó de apostar principalmente por la acción militar a concentrarse en la presión económica. En esta línea, en los últimos días el secretario de Estado, Marco Rubio, comunicó a sus aliados que es improbable que Estados Unidos lance nuevos ataques «por el momento».
Trump sostiene que las bombas y el bloqueo ya devastaron el liderazgo, el ejército y la economía iraní. Esta semana, incluso compartió una publicación en redes sociales que proclamaba «MISSION ACCOMPLISHED 2026» («Misión cumplida 2026»), acompañada por una imagen generada mediante inteligencia artificial en la que aparece junto a aviones de combate, un buque de guerra y banderas estadounidenses.
El escenario, sin embargo, sigue abierto. Qatar y Pakistán actúan como mediadores en un intento por encontrar una salida diplomática. El primer ministro de Qatar, el jeque Mohammed bin Abdulrahman Al Thani, estuvo en Teherán el jueves para analizar un plan propuesto entre Teherán y Omán destinado a aumentar el tráfico a través del estrecho de Ormuz. Trump, por ahora, mostró poco interés en retomar el acuerdo preliminar alcanzado en junio, que buscaba reabrir el estrecho y comenzar conversaciones sobre el programa nuclear iraní. Ese entendimiento se derrumbó semanas después, cuando Irán comenzó a atacar barcos.
Las dudas sobre el paradero de Mojtaba Jameneí
La situación interna de Irán también quedó marcada por la incertidumbre alrededor de su nuevo líder supremo, Mojtaba Jameneí, quien asumió el cargo tras la muerte de su padre en los primeros ataques de la guerra. Seis meses después, continúa sin realizar apariciones públicas. Funcionarios iraníes y fuentes de alto nivel aseguran que permanece al mando y gobierna desde las sombras por razones de seguridad mientras se recupera de las heridas sufridas durante los ataques.
Pero su ausencia pública alimenta las dudas. Desde su nombramiento, una semana después del comienzo de la guerra, no hubo fotografías, videos ni mensajes de audio del líder. Sus únicos mensajes al pueblo iraní llegaron a través de comunicados escritos leídos por presentadores de televisión. Tampoco dijo presente en la semana de ritos funerarios organizada el mes pasado por su padre. Funcionarios y otras fuentes familiarizadas con la situación atribuyen su ausencia al temor de que pueda ser asesinado y aseguran que continúa ejerciendo el poder mientras se recupera. El presidente Masud Pezeshkian afirmó el 10 de agosto que había mantenido una reunión de siete horas con Jameneí.
Seis meses después del inicio de la guerra, el conflicto dejó un escenario muy diferente al previsto por Washington: Irán está severamente golpeado, pero continúa en pie; Estados Unidos enfrenta costos militares y políticos crecientes; el estrecho de Ormuz sigue siendo un punto crítico para la economía mundial y no aparece, por ahora, una vía clara para ponerle fin a la guerra.
