El presidente Javier Milei protagonizó una crisis diplomática con Brasil, un acuerdo financiero con China, una derrota legislativa en el Senado y un conflicto interno con la vicepresidenta Victoria Villarruel.
El presidente Javier Milei calificó al presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, como «ladrón» y «presidiario», y al juez Alexandre de Moraes como «basura calva», durante un acto de apoyo a la candidatura de Flávio Bolsonaro. Días después, en declaraciones públicas, afirmó que «sacarse a los zurdos de encima siempre es bueno».
En respuesta, el gobierno de Brasil retiró a su embajador en Argentina y redujo la relación bilateral al rango de encargado de negocios. Esta situación constituye la crisis diplomática más grave entre ambos países desde el retorno de la democracia en Argentina.
En paralelo, el Banco Central de la República Argentina cerró con China la renovación del swap de monedas por un monto de US$ 19.000 millones, con un plazo de cinco años, en lugar de los tres años anteriores. El presidente chino, Xi Jinping, había expresado previamente su respaldo público a Lula da Silva «en su oposición a las injerencias externas».
El Gobierno justificó los agravios hacia Lula da Silva señalando que el mandatario brasileño apoyó campañas políticas en otros países y que no permitió a Milei visitar a Bolsonaro en prisión. Lula da Silva, por su parte, respaldó a aliados sin emitir insultos hacia otros presidentes.
En el ámbito legislativo, el Senado no trató el capítulo más ambicioso de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, que incluía la extranjerización de tierras. El canciller, consultado en A24 sobre si un extranjero podría comprar una provincia entera, respondió: «Y, sí».
La relación entre el presidente Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel alcanzó un punto de conflicto. Milei la calificó de «opositora del Gobierno», la acusó de «replicar argumentos kirchneristas» y de generar roces diplomáticos con el Reino Unido por sus publicaciones sobre las Islas Malvinas durante el Mundial. Villarruel, en respuesta, cuestionó la salud mental del presidente.
El episodio sobre la ley de tierras evidenció que, en períodos preelectorales, los gobernadores dialoguistas no están dispuestos a asumir costos políticos en temas de soberanía territorial. Esta situación generó una lectura incómoda para la Casa Rosada.
En noviembre de 2025, Milei había ridiculizado al expresidente Mauricio Macri por proponer incorporar experiencia de gestión. Macri reconoció al día siguiente: «No logramos ponernos de acuerdo». Ahora, con Villarruel como opositora de facto, el Gobierno necesita recomponer relaciones con el PRO.
