El gobierno de Javier Milei enfrenta acusaciones de una campaña internacional en contra del país, en un contexto que recuerda a la dictadura militar de 1978. La conductora Mirtha Legrand y otros referentes han expresado su preocupación por el trato recibido desde el exterior.
El 21 de septiembre de 1978, durante la dictadura militar, la conductora Mirtha Legrand afirmó en su programa que existía «una campaña organizada anti Argentina» y que el país era atacado de manera orquestada. El cantante Laureano Brizuela, invitado al programa, declaró que «nadie sabe la tranquilidad que se respira en este país ahora más que nunca, hay una carencia muy importante de información». En ese momento, los medios afines al régimen difundían la consigna «los argentinos somos derechos y humanos».
En 2024, tras la derrota de la selección argentina en la final contra España, Legrand, de 99 años, volvió a expresar: «Me duele que maltraten así a los argentinos, no me gusta. ¿Qué es lo que nos reprochan? ¿Qué no tenemos un jugador de color?». Sus declaraciones coincidieron con una narrativa impulsada por el gobierno de Javier Milei sobre una supuesta campaña internacional contra el país.
El presidente Javier Milei ha establecido precedentes en su gestión: fue el primer mandatario en invitar a la titular del FMI, Kristalina Georgieva, a una reunión de Gabinete; también invitó al embajador de Israel a una reunión similar y al ex primer ministro británico Boris Johnson al balcón de la Casa Rosada. En su despacho se encuentra un cuadro de Margaret Thatcher, responsable de las 323 muertes del hundimiento del General Belgrano durante la guerra de Malvinas.
En sus apariciones mediáticas previas a la presidencia, Milei realizó declaraciones como: «Cuando veo la bandera veo un muro, la gente se tiene que ir de este país de mierda, no tiene solución, es inviable, la única salida es Ezeiza». Estas expresiones fueron replicadas por seguidores en redes sociales con nombres como @la_pistarini o el «Partido liberal Pesimista», que describen a Argentina como «una basura, totalmente inviable, injusto e inhumano, un país de cuarta del que hay que irse a la mierda».
El oficialismo ha buscado distanciarse de esa retórica antinacionalista, promoviendo un discurso de exaltación patriótica. Esta estrategia ha sido utilizada en otros períodos de la historia argentina para controlar la agenda política.
