La duración de los días terrestres aumenta gradualmente debido a procesos astronómicos y factores humanos. Científicos estiman que faltan unos 200 millones de años para que un día alcance las 25 horas.
La idea de que los días podrían durar 25 horas suele despertar curiosidad, pero la explicación se encuentra en procesos astronómicos que ocurren desde hace millones de años y avanzan a un ritmo prácticamente imperceptible para la vida humana.
Con el paso de los años, la duración de las jornadas continuará aumentando. Aunque distintos fenómenos naturales y humanos pueden modificar levemente la rotación del planeta, los científicos estiman que aún faltan millones de años.
Por qué un día no dura exactamente 24 horas
Aunque convencionalmente se considera que un día tiene 24 horas, la realidad es algo más compleja. Según explica la NASA, la órbita terrestre alrededor del Sol es elíptica y no perfectamente circular, por lo que la duración del llamado día solar presenta pequeñas variaciones.
Además, existe el denominado día sideral, que mide el tiempo que tarda la Tierra en completar una rotación sobre su eje respecto de las estrellas. Su duración es de aproximadamente 23 horas y 56 minutos, es decir, unos cuatro minutos menos que el día solar utilizado en la vida cotidiana.
Estas diferencias responden a distintas formas de medir el movimiento del planeta y demuestran que la duración de los días no es completamente constante.
El papel de la Luna en el alargamiento de los días en la Tierra
Uno de los principales responsables de este fenómeno es la interacción gravitatoria entre la Tierra y la Luna. La fuerza que genera las mareas también actúa como un freno sobre la rotación terrestre. El movimiento del agua produce fricción con el fondo oceánico, lo que hace que el planeta pierda una mínima cantidad de energía rotacional.
Como consecuencia, la Tierra gira cada vez un poco más despacio y los días se vuelven ligeramente más largos. Ese mismo proceso provoca que la Luna se aleje de nuestro planeta a un ritmo cercano a 3,8 centímetros por año, un dato confirmado mediante mediciones realizadas con reflectores láser instalados durante las misiones Apolo.
Los científicos sostienen que, dentro de millones de años, la distancia será tan grande que dejarán de producirse los eclipses solares totales tal como se conocen en la actualidad.
Cómo influye el cambio climático y la actividad humana
Además de la influencia de la Luna, los investigadores identificaron otros factores capaces de alterar la velocidad de rotación del planeta. Uno de ellos es la redistribución de grandes masas de agua, ya sea por obras de infraestructura o por el deshielo de glaciares y casquetes polares.
En 2025, la NASA confirmó que la Presa de las Tres Gargantas, en China, modificó ligeramente la distribución de la masa terrestre, lo que alargó la duración del día en aproximadamente 0,6 microsegundos.
Del mismo modo, el derretimiento del hielo en los polos también redistribuye enormes volúmenes de agua, desplazando el eje de rotación de la Tierra y contribuyendo, aunque de forma muy leve, a que el planeta gire más lentamente.
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores analizaron registros obtenidos durante más de 120 años, además de datos astronómicos, relojes atómicos de alta precisión y observaciones históricas de eclipses.
Cuándo los días pasarán a durar 25 horas
Las estimaciones más aceptadas por la comunidad científica indican que aún faltan alrededor de 200 millones de años para que un día solar alcance una duración de 25 horas.
Se trata de una proyección basada en la evolución actual de la rotación terrestre y en el efecto acumulado de las fuerzas gravitatorias. Por ese motivo, los especialistas aclaran que no es posible establecer una fecha exacta y que el fenómeno ocurrirá en una escala temporal muy superior a la historia de la humanidad.
Mientras tanto, organismos como el Servicio Internacional de Rotación de la Tierra y Sistemas de Referencia y el Observatorio Naval de Estados Unidos continúan monitoreando permanentemente la velocidad de rotación del planeta para detectar las pequeñas variaciones que se producen con el paso del tiempo.
