Especialistas señalan que la preocupación por envejecer no es solo emocional, sino que se manifiesta físicamente y puede acelerar el deterioro celular.
Buenos Aires, 9 de junio (NA) – La llamada “cronofobia”, definida como el miedo irracional y desproporcionado al paso del tiempo, no es un trastorno clínico reconocido sino un concepto de la cultura popular, según explicó Jorge Romero-Castillo, investigador en Neurociencia Cognitiva de la Universidad de Málaga (UMA), España.
“Dentro de las múltiples formas de angustia temporal, una de sus expresiones más frecuentes y estudiadas es la ansiedad ante el envejecimiento”, afirmó Romero-Castillo. El investigador indicó que dicha ansiedad proviene del declive físico, la pérdida del atractivo y de la salud reproductiva.
El especialista señaló que la cronofobia afecta principalmente a mujeres, debido a que enfrentan mayores presiones socioculturales. “La preocupación por evaluar persistentemente la identidad corporal eleva los sistemas de respuesta al estrés a lo largo del tiempo”, sostuvo. A estas presiones se suma una narrativa “edadista” que considera los cuerpos envejecidos de las mujeres como biológica y socialmente devaluados.
“Esta imposición de mantener la juventud fomenta la autovigilancia crónica y aumenta el malestar psicológico en buena parte del género femenino debido al incansable trabajo por encajar en perfiles artificiales, o por luchar contra ellos”, explicó Romero-Castillo.
Los especialistas señalaron que, paradójicamente, el miedo al paso del tiempo acelera el envejecimiento biológico. Los malestares psicosociales contribuyen al envejecimiento a través de la epigenética, proceso por el cual se activan o desactivan genes como consecuencia del entorno. Un ejemplo citado por el investigador es la exposición a factores estresantes crónicos en la infancia, que puede propiciar depresión en la adolescencia mediante una reacción química. Mantener un estado de alerta ansiosa potencia el desgaste biológico.
Romero-Castillo mencionó un estudio reciente con 726 mujeres que reveló que el estrés relacionado con el envejecimiento, en particular el temor al deterioro de la salud, se asocia con un envejecimiento epigenético acelerado. La tasa de desgaste fisiológico quedó probada mediante el biomarcador DunedinPACE.
“Las preocupaciones no son meramente cognitivas o emocionales, sino que se experimentan somáticamente, creando un círculo vicioso donde la idea de envejecimiento aumenta la conciencia corporal”, detalló Romero-Castillo. “Esta conciencia intensificada refuerza un estado de angustia psicológica que a su vez puede desencadenar una activación fisiológica”.
Finalmente, el especialista afirmó que, con el tiempo, ese círculo vicioso “puede dejar huellas biológicas duraderas y acelerar el envejecimiento”. Estos hallazgos respaldan la idea de que la forma en que se vive subjetivamente el paso del tiempo no solo afecta la salud mental, sino también el funcionamiento biológico del organismo.
