El libro de la escritora franco-estadounidense examina cómo la voz de las mujeres fue moldeada, vigilada y castigada a lo largo de la historia, a partir de cantantes como Édith Piaf, Ari Up y Charli xcx.
La ensayista Lauren Elkin publicó Vocal Break, un estudio sobre la voz femenina en el que sostiene que cantar para las mujeres no es un gesto neutral sino un derecho conquistado tras siglos de silenciamiento. El libro, que une memoria personal, crítica musical e historia cultural, se centra en las imperfecciones, los quiebres y la textura de la voz.
Elkin, traductora y escritora franco-estadounidense radicada en Londres, parte de una escena de infancia en Northport, Long Island, donde una profesora de canto la hacía cantar frente a un espejo. Allí debía sonreír, levantar las cejas para mejorar la colocación, respirar con el diafragma y alisar el quiebre vocal entre la voz de pecho y la de cabeza. La autora practicó con disciplina hasta volver su voz “casi desprovista de rasgos”, aunque en secreto quería rebelarse. Con el tiempo concluyó que habría preferido entender antes que podía “trabajar con, y no contra, las imperfecciones de mi voz”.
En Vocal Break, Elkin estudia la voz femenina a partir de cantantes como Cyndi Lauper, Cynthia Erivo, Tori Amos, Beyoncé, Poly Styrene y Kathleen Hanna. A través de esas figuras, indaga en las reglas impuestas a las intérpretes y en las estrategias con las que muchas resistieron esas expectativas. La autora también recuerda violencias sufridas por artistas que se apartaron de la norma: Ari Up, de The Slits, fue apuñalada dos veces, y Tori Amos fue violada después de un concierto. Además, menciona que en Afganistán las mujeres tienen prohibido cantar en público y dejar oír su voz fuera del hogar.
Uno de los argumentos centrales del libro es que el uso de la voz por parte de las mujeres nunca fue tratado como algo neutro. Elkin afirma que durante milenios fueron marginadas, silenciadas y sometidas a criterios distintos de los aplicados a los hombres. Ese patrón se extiende a las mujeres que hablan en público, en especial a las políticas, a quienes con frecuencia se tacha de estridentes. Por esa razón, recordó, Margaret Thatcher recurrió a un entrenador vocal para bajar el tono de su voz.
El libro también aborda la tecnología vocal. Aunque Elkin se define como “escéptica del Auto-Tune”, reconoce el efecto logrado por Charli xcx en Brat, el álbum de 2024 que describe como definitorio de una era. Allí, dice, “el grano de su voz sigue presente”.
La fuerza del ensayo descansa en la descripción del sonido. Sobre Cindy Lauper, Elkin escribe que su voz tiene un “brillo metálico”; sobre Kathleen Hanna, que es “insistente, cantarina, nasal, burlona, con subida al final de la frase y fritura vocal: todo lo que los hombres detestan de las voces de las mujeres”. El ensayo se apoya en investigaciones que incluyen The Grain of the Voice de Roland Barthes, Lipstick Traces de Greil Marcus y la Odisea de Homero. Entre los datos recuperados aparece una expresión francesa para nombrar el acto de cantar en un idioma desconocido: chanter en yaourt, literalmente “cantar en yogur”.
Elkin no formula una tesis única sobre la voz femenina más allá de una constatación: sus estilos son ricos y diversos, están sometidos a manipulaciones y críticas indebidas y suelen recibir poca atención de la industria musical. En el centro del libro queda otra convicción: “Creo que más gente debería estar cantando. Cantar tiene que ver con desear eso que está un poco más allá de nuestro alcance, y por eso lo amamos y lo necesitamos”.
