Un análisis sobre cómo los exabruptos presidenciales, la interna oficialista y el escándalo en torno a Manuel Adorni opacan los avances económicos anunciados por la administración de Javier Milei.
La comunicación política de un Gobierno no se limita a anuncios, interpretación de cifras o críticas a la oposición. Implica persuadir a la sociedad, legitimarse en el poder y generar apoyo para la toma de decisiones. En la administración libertaria, esta área presenta carencias significativas.
En su última aparición en dos canales de streaming afines, el presidente Javier Milei reconoció la existencia de una situación económica compleja y dijo entender que la gente se sienta mal por la caída de la actividad, el descenso del salario real y el aumento de la inflación. Sin embargo, estas mismas variables habían sido motivo de agravios presidenciales cuando fueron señaladas por el periodismo.
A pesar de este reconocimiento, el Ejecutivo recortó 63 mil millones de pesos en salud, según información oficial del Ministerio de Economía. La cartera a cargo de Mario Lugones ejecutó apenas el 31,5% de su presupuesto, lo que ha generado problemas de atención en el PAMI y hospitales universitarios por demoras en transferencias de fondos. Programas como Remediar, el banco de drogas oncológicas y áreas de respuesta al VIH sufrirán reducciones o desmantelamiento.
Por otro lado, un informe de la consultora Zonda reveló que en las más de cuatro horas de entrevistas en streaming, Milei profirió 73 insultos como “sorete”, “hijo de puta” o “imbécil”, y expresiones soeces como “masturbación teórica” o “populistas del orto”. Este estilo pendenciero eclipsó la capitalización mediática de logros como la inversión de YPF por US$25 mil millones, la recuperación de la recaudación, el repunte de la construcción y la industria, y la baja de la inflación al 2,6%.
Las apariciones de Manuel Adorni tampoco ayudan. Cada anuncio en redes es replicado por comentarios negativos sobre su situación patrimonial y causas judiciales, opacando las buenas noticias. Además, la interna oficialista entre Santiago Caputo y el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, se hizo visible en redes sociales, con cruces que exponen divisiones internas.
Analistas señalan un desgaste en la figura presidencial y en su discurso belicoso, que ya no genera el mismo impacto que antes. El Gobierno enfrenta múltiples frentes abiertos mientras sus pilares se limitan al ajuste y a las promesas de Vaca Muerta y la minería, en espera de que el “derrame” económico llegue a la sociedad.
