Esmeralda Moronta de los Santos, de 36 años, había denunciado acoso y rastreo electrónico ante las autoridades. Horas después, su expareja la persiguió y asesinó a balazos en un colmado de Santo Domingo Este, para luego suicidarse.
La denuncia formal de vigilancia electrónica mediante GPS y acoso presentada por Esmeralda Moronta de los Santos no fue suficiente para evitar su asesinato la tarde del miércoles en el sector Alma Rosa I, municipio Santo Domingo Este, República Dominicana. La víctima, de 36 años, había expuesto ante la Unidad de Atención y Prevención de la Violencia de Género que su expareja, Omar T., de 48 años, utilizaba tecnología para rastrear sus movimientos, además de hostigarla y confrontarla desde el término de la relación.
Según informó la Policía Nacional de República Dominicana, por medio de su portavoz Diego Pesqueira, el hecho violento ocurrió en la calle Puerto Rico de Alma Rosa I. El reporte policial establece que el agresor persiguió a la víctima por la vía pública hasta el interior de un colmado, donde la mujer intentó refugiarse. Sin embargo, Omar T. ingresó al establecimiento y disparó en varias ocasiones con un arma de fuego calibre 9 milímetros, provocando la muerte inmediata de la víctima. Posteriormente, el hombre se suicidó en el mismo lugar.
Pesqueira confirmó que la investigación se realiza en coordinación con el Ministerio Público, con el objetivo de esclarecer las circunstancias del caso. La institución policial informó que ofrecerá mayores detalles a medida que avance el proceso investigativo.
Previo al ataque, Esmeralda había acudido a las autoridades para denunciar el acoso y la vigilancia constantes de su expareja, solicitando una orden de alejamiento y medidas de protección. Según el documento de denuncia, la víctima detalló que Omar T. utilizaba dispositivos GPS para seguir sus movimientos, además de enviarle mensajes reiterados y confrontarla en cada encuentro relacionado con el hijo que tenían en común.
El caso ha provocado conmoción en Alma Rosa y sectores aledaños. Familiares de la víctima, como su hermana Estefanía Moronta, han pedido públicamente una revisión profunda de los protocolos de atención a mujeres que denuncian acoso o violencia. “Cuando una persona se dirige a las oficinas debe haber un proceso, una empatía con esa secretaria, ese fiscal que te asiste, debe haber esa chispa de empatía hacia el ser humano. Ponerse en su lugar”, expresó la familiar.
En redes sociales, Esmeralda compartía frecuentemente videos relacionados con la pastelería artesanal, actividad que representaba su principal fuente de ingresos para mantener a sus dos hijos. Sus publicaciones mostraban recetas, decoraciones y productos terminados, reflejando el empeño y la dedicación que ponía en ese emprendimiento.
La comunidad y los familiares insisten en la urgencia de fortalecer los sistemas de prevención, vigilancia y protección de quienes denuncian amenazas, especialmente cuando existen antecedentes de acoso sistemático y vigilancia tecnológica. El feminicidio de Esmeralda vuelve a poner de relieve la necesidad de respuestas más eficaces y coordinadas por parte de las instituciones encargadas de proteger a las mujeres en situaciones de riesgo.
