Nacido en una familia burguesa española, Barrett se exilió en América y se convirtió en una de las voces más críticas del anarquismo y la defensa de los oprimidos en Paraguay y Argentina.
Rafael Barrett nació el 7 de enero de 1876 en Torrelavega (Cantabria, España), en el seno de una familia burguesa hispano-inglesa. Estudió ingeniería en Madrid, pero su verdadera vocación estaba en la literatura. Se relacionó con figuras de la Generación del ’98, como Valle-Inclán y Ramiro de Maeztu, y se movió en los ambientes bohemios. Su temperamento conflictivo y sus ideas políticas lo llevaron a verse envuelto en incidentes que terminaron motivando su apartamiento de España y su exilio en América. La gota que colmó el vaso fue un incidente ocurrido en el Circo de Parish, cuando azotó públicamente al duque de Arión.
En 1903 viajó a la Argentina, donde se instaló en Buenos Aires y se vinculó al movimiento obrero y a la prensa anarquista. Publicó artículos en Caras y Caretas y en La Protesta. En 1904 llegó a Asunción junto a las fuerzas revolucionarias que derrocaron al régimen de Juan Bautista Gómez, e ingresó en la Oficina de Estadística del gobierno que se formó tras el cambio de poder. Contrajo matrimonio con Francisca López Maíz y tuvo un hijo, Alejandro Rafael, en Areguá, donde se sintió profundamente arraigado a la tierra y al pueblo paraguayo. Allí vio la esclavitud del mensú, los latigazos en los yerbales, el pago con vales y la corrupción.
Barrett se convirtió en uno de los intelectuales más críticos del conservadurismo y del autoritarismo en Paraguay, escribiendo en publicaciones anarquistas como Germinal y El Telegrama del Pueblo. Sus artículos denunciaban la explotación en los yerbales, el servilismo social, la opresión campesina y la contención violenta de las protestas obreras. En 1908, tras el golpe de Estado del mayor Albino Jara, organizó la atención sanitaria a los heridos en las calles de Asunción y redactó crónicas sobre las torturas y abusos cometidos por el nuevo régimen. Como represalia, fue encarcelado y luego desterrado a Corumbá, en el Matto Grosso brasileño, donde su tuberculosis empeoró gravemente. Tras ser liberado en 1908, marchó a Montevideo.
Barrett cultivó sobre todo el ensayo periodístico, el cuento breve y la reflexión moral-filosófica, con un estilo realista, comprometido con los oprimidos. Sus textos mezclan observación directa, denuncia social y meditación existencial, y suelen centrarse en temas como el trabajo, la pobreza y la dignidad humana. Su producción se publicó en gran parte póstumamente, y desde entonces se ha reeditado en Paraguay, Argentina y España, consolidando su lugar entre los clásicos del pensamiento anarquista en lengua castellana. Sus obras más recordadas son Moralidades actuales, El dolor paraguayo, Lo que son los yerbatales y Sembrando ideas.
Señalaba en su libro El dolor paraguayo: “¿No le subleva el espectáculo de un país moribundo, dañado hasta la médula, y empeñado en dejarse roer las pobres entrañas por una caterva de cuervos graznadores, abogaciles y bachilleres, y por cuatrocientos noventa buitres de cartón pintado?” En Paraguay suele ser leído como escritor nacional, mientras que en España se lo sitúa como figura de la generación del ’98 y del pensamiento crítico hispánico. Fue elogiado por Jorge Luis Borges, José Enrique Rodó y Augusto Roa Bastos, quienes lo ubicaron entre las mejores plumas de su tiempo.
Rafael viajó a Arcachon (Francia) en busca de un tratamiento para su tuberculosis, pero la enfermedad estaba ya muy avanzada y murió allí el 17 de diciembre de 1910, a los 34 años. Aunque su vida fue breve, su obra ha perdurado y hoy se considera una referencia obligada para entender el anarquismo intelectual hispanoamericano y la crítica social temprana del modernismo latinoamericano.
