Un informe de la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC) reveló una caída del 7,7% en el empleo directo durante 2025, afectado por la menor producción local y el aumento de las importaciones asiáticas.
El empleo directo en el sector autopartista argentino se redujo en 4.100 puestos durante el último año, según un informe de la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC) elaborado con datos de la Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social. En 2024, el sector contaba con 53.700 trabajadores, mientras que en 2025 la cifra descendió a 49.600, lo que representa una merma del 7,7%.
El informe señala que el 80,5% de la caída corresponde a empresas autopartistas orientadas a la producción local de vehículos, afectadas por la cancelación anticipada de modelos y por un incremento de las importaciones asiáticas. En el mercado de reposición, que genera el 34,1% del empleo total, también se verificó un fuerte impacto de las importaciones asiáticas.
Casi la mitad del empleo del sector se concentra en pymes de menos de 300 empleados, y el 21% corresponde a empresas de menos de 100 trabajadores. Las perspectivas para 2026 no son alentadoras: se proyecta una nueva caída en la producción de vehículos del 7,5% y una consolidación del aumento de las importaciones asiáticas de autopartes.
Juan Cantarella, presidente ejecutivo de AFAC, señaló en una columna reciente que “el sector automotor y autopartista argentino es uno de los más abiertos y expuestos a la competencia externa”. Destacó que, mientras que para el país la suma de importaciones y exportaciones sobre el PBI representa el 25%, para el sector automotor representa más del 130% de la producción. “La estructura productiva se basa en un esquema de especialización y complementación con Brasil; al ser una industria que depende esencialmente de las exportaciones para producir a escalas mínimas eficientes, las reglas ecuánimes son imprescindibles para ser competitivos”, afirmó.
Cantarella agregó que Argentina enfrenta una “carrera doblemente dificultosa”, ya que al desafío de competir con países que aplican prácticas de “doping” se suma una “pesada mochila tributaria que se ha prometido aliviar pero con una velocidad limitada por las necesidades fiscales esenciales para una estabilidad macroeconómica imprescindible”.
