Según el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), el país evitó una recesión técnica, aunque el crecimiento es débil y desigual entre sectores.
El concepto de «economía K», popularizado por los economistas Claudio Zuchovicki y Ricardo Arriazu, describe la situación actual del país: una pata que sube y otra que baja, reflejando ganadores y perdedores en el primer bimestre de 2026.
El EMAE indica que entre enero y febrero la actividad económica creció un 0,2% en promedio, lo que permitió evitar una recesión técnica (dos trimestres consecutivos de caída). Enero registró un alza interanual del 1,9% y mensual del 0,4%, mientras que febrero mostró una caída interanual del 2,1% y un leve aumento mensual del 0,1%.
Entre los sectores ganadores se destacan el agro, que continúa recuperándose de la sequía de 2023, con buenos resultados en trigo, maíz y la campaña gruesa; la minería y la energía, impulsadas por el litio y el yacimiento Vaca Muerta; y la intermediación financiera, que volvió a crecer gracias a la estabilidad macro y al aumento de créditos hipotecarios.
Por el lado de los perdedores, la industria manufacturera enfrenta una situación crítica: enero cerró con una baja interanual del 2,6% y febrero con una del 8,7%. Sectores como vehículos y autopartes, textiles, papeles, químicos, metalurgia, muebles y electrodomésticos sufren por la caída del consumo, la apertura importadora y los mayores costos en dólares.
El panorama general es de estancamiento con una leve tendencia positiva, sostenida principalmente por los sectores exportadores y financieros, mientras que la industria y el consumo interno muestran signos de debilidad.
