La baja de tasas en pesos reconfiguró el panorama de inversión. Un reconocido analista propone una combinación de bonos en dólares, títulos ajustados por inflación y obligaciones negociables para obtener renta periódica.
La baja de tasas en pesos empezó a cambiar el mapa financiero para empresas, familias e inversores. Según el análisis de Salvador Di Stéfano, el Banco Central dio un paso clave al liberar encajes y requisitos de liquidez, lo que permitió inyectar más fondos al mercado y empujó a la baja las tasas de los principales bancos.
En ese contexto, el analista de mercados conocido en la city como «el gurú del blue» advierte que los plazos fijos ya lucen poco atractivos y plantea cuál sería, a su criterio, la «cartera del momento» para los inversores de a pie que buscan sacarle jugo a sus ahorros.
Según plantea en su análisis semanal, las tasas de plazo fijo a 30 días se ubican en torno al 17% anual, mientras que las letras a un año rinden cerca del 28% anual y algunos bonos en pesos ajustados por inflación ofrecen retornos de inflación más 1 punto. Frente a ese escenario, el analista sostiene que, si la tasa de devaluación termina siendo similar a la inflación, los bonos en dólares podrían resultar más atractivos que muchos instrumentos en pesos.
El punto central de su recomendación pasa por armar una cartera con flujo de fondos. Es decir, no mirar sólo el rendimiento final, sino también cuándo y en qué moneda paga cada instrumento. Para Di Stéfano, la combinación ideal debería incluir bonos soberanos en dólares, títulos en pesos ajustados por inflación y obligaciones negociables corporativas.
Entre los instrumentos mencionados aparece el AO28, un bono en dólares que paga renta mensual. También destaca el DICP, un bono en pesos ajustado por inflación que paga amortización y renta dos veces al año, en junio y diciembre, y que según su análisis rinde inflación más 7,3% anual. A eso suma el AL35, que vence en 2035, paga renta semestral y rinde alrededor de 9,6% en dólares.
La cartera sugerida incorpora además una obligación negociable de YPF, con vencimiento en 2033 y ticket YMCJ0, que paga renta en marzo y septiembre. Otro instrumento señalado es el AN29, que vence en noviembre de 2029, rinde 8,8% en dólares y paga renta en mayo y noviembre.
Para Di Stéfano, la ventaja de esta combinación es que permite construir una cartera con pagos frecuentes. El AO28 aportaría renta mensual en dólares; el DICP sumaría pagos en pesos en junio y diciembre; y los bonos soberanos junto con la ON de YPF permitirían cobrar renta en dólares en enero, marzo, mayo, julio, septiembre y noviembre.
«Es la cartera soñada», define el analista, porque permite combinar distintos plazos de vencimiento —entre 2028 y 2035—, exposición en moneda nacional y extranjera, y un flujo de fondos que puede servir tanto para reinvertir como para cubrir necesidades de liquidez.
El diagnóstico de fondo es que el nuevo escenario de tasas también abre una oportunidad para empresas y familias endeudadas. Di Stéfano recomienda aprovechar la baja del costo del dinero para refinanciar pasivos, especialmente deudas caras como tarjetas o financiamiento de corto plazo, y reemplazarlas por préstamos a tasas más razonables.
En el caso de las empresas, el especialista remarca que la caída de tasas podría ayudarlas a recuperar capital de trabajo, siempre que las ventas acompañen. También advierte que el financiamiento en dólares sigue siendo mucho más competitivo para compañías exportadoras que para firmas volcadas al mercado interno, donde el crédito en moneda extranjera resulta más caro por las condiciones de fondeo y encajes.
La conclusión del informe es que el inversor minorista ya no debería mirar solamente la tasa nominal en pesos. En un contexto de rendimientos descendentes, la estrategia pasa por diversificar moneda, plazo y flujo, buscando una cartera que combine cobertura, renta periódica y capacidad de financiamiento mediante caución de títulos.
