La ola de amenazas en colegios de distintas provincias durante la última semana generó incertidumbre en las familias. Especialistas señalan que la violencia escolar es un problema latente que requiere prevención antes de que ocurran tragedias.
La ola de amenazas en colegios de distintos puntos del país durante la semana pasada generó temor e incertidumbre en madres y padres, que aún tienen presentes las imágenes de la tragedia en San Cristóbal, Santa Fe, donde un adolescente mató a un compañero hace casi un mes. Se trata de escenas que suelen asociarse a países como Estados Unidos, donde las matanzas escolares son noticias frecuentes.
“Uno siempre pensó que estas cosas pasaban en otros lugares. Pero mi hijo tuvo que retirarse antes porque encontraron una amenaza en el baño”, señaló Daniel Medina, padre de un alumno de la Escuela de Educación Técnica N° 1 Hipólito Bouchard de Escobar. “Es una situación triste, que genera incertidumbre en todos los padres”, describió.
Los especialistas advierten que la violencia ya habitaba las aulas antes de estos episodios. Acoso, bullying, violencia institucional y violencia familiar son algunas de las piezas de un rompecabezas que, según los expertos, está en la base de la crisis de salud mental que atraviesan niños y adolescentes.
Alejandro Castro Santander, director del Observatorio de la Convivencia Escolar del Centro de Investigaciones Cuyo-Conicet, señaló que si bien Argentina está lejos de la situación de Estados Unidos, hay factores que nos acercan a esa realidad. “Carmen de Patagones ocurrió hace 22 años, tuvimos tiempo para trabajar el tema, pero como la masacre no se había repetido, no hicimos nada. Mientras tanto, la circulación de armas en la sociedad se aceleró enormemente”, planteó.
El especialista agregó que “hay un trasfondo de violencias dentro de las escuelas que está completamente invisibilizado. El acoso o el bullying generan un clima que es un caldo de cultivo para que adolescentes que se sienten rechazados busquen validación en redes sociales. Nos preocupamos cuando aparecen estos casos, pero no son aislados. La violencia en las escuelas está latente”.
Las amenazas de crímenes escolares aparecieron en baños, paredes y redes sociales, con fechas exactas para ejecutar esos planes. Las instituciones reaccionaron de manera diversa: algunas activaron protocolos y avisaron a las familias por correo electrónico o WhatsApp; en ciertos casos, la comunicación llegó de inmediato, en otros, con demora. Muchos padres de alumnos de los primeros años del secundario alteraron sus rutinas para acompañar a sus hijos al colegio, y algunos optaron por no enviarlos a clases.
En las últimas horas, se activaron protocolos y se difundieron nuevas medidas de control desde distintas jurisdicciones. Castro Santander participó en investigaciones publicadas por Argentinos por la Educación, que cruzaron datos con pruebas PISA. De esos trabajos surgió que un chico que sufre violencia física puede rendir 41 puntos menos en matemática, y aquellos que sufren violencia relacional, 67 puntos menos. “Es como si perdiera un año y medio de aprendizajes a lo largo de la secundaria”, graficó.
Otro relevamiento mostró la distancia entre lo que los estudiantes sienten que ocurre en la escuela y lo que los directivos creen. Más de la mitad de los estudiantes consideraron que existen episodios de discriminación por aspecto físico (75,4%), por características personales o familiares (67,7%) y amenazas o agresiones entre compañeros (54,5%). En cambio, el 80,2% de los directivos dijo que la convivencia escolar no es un problema o es un problema menor. “Ahí el conflicto es evidente, porque esas situaciones no van a formar parte de la gestión. Van a esperar que pase algo en vez de prevenirlo”, subrayó Castro Santander.
Coincidió Cecilia Velada, doctora en sociología de la educación: “La Argentina, según sus estudiantes, tiene uno de los peores climas escolares del mundo; enseñar y aprender se vuelve muy complejo en un entorno así”.
