Desde Corea del Sur se expanden procedimientos estéticos que utilizan componentes poco convencionales. Dermatólogos analizan su efectividad y los posibles fundamentos científicos que podrían explicar su popularidad.
En la Clínica You & I de Seúl, Corea del Sur, uno de los tratamientos más solicitados para mejorar la textura de la piel consiste en inyectar fragmentos de ADN de esperma de salmón en la dermis. «El objetivo no es aumentar el volumen, como con un relleno, sino preparar la piel o bioestimularla, lo que implica favorecer un entorno dérmico más saludable y su recuperación», explica Kyu-Ho Yi, médico estético de la clínica y profesor adjunto de la Universidad de Yonsei.
Yi afirma que el concepto proviene del campo de la medicina regenerativa y la cicatrización de heridas, donde estos fragmentos captaron atención por su potencial para estimular la reparación de tejidos. Los datos científicos aún son escasos, pero algunos estudios sugieren que los polinucleótidos purificados del esperma de salmón podrían ayudar a reducir la apariencia de las líneas de expresión. «Ayudan a mejorar la hidratación, la firmeza, la textura y las arrugas de la piel», afirma Joshua Zeichner, profesor asociado de dermatología del Hospital Mount Sinai de Estados Unidos.
Con Corea del Sur como referente en estética (K-Beauty), los supuestos beneficios de estas inyecciones y otros tratamientos, como mascarillas faciales hechas con excremento de pájaro o los faciales «vampiros», se han difundido globalmente, impulsados por menciones de celebridades.
Un repaso histórico muestra que el cuidado de la piel tiene una larga tradición de prácticas inusuales, desde los baños en leche de burra de Cleopatra hasta el uso de una pasta de corteza de árbol en Myanmar. La ciencia dermatológica moderna sugiere que algunos ingredientes antiguos, como la cúrcuma o las algas, perduraron por sus efectos antiinflamatorios e hidratantes.
Respecto al «tratamiento facial de geisha» con excremento de ruiseñor, Zeichner señala que las heces de estas aves contienen altas concentraciones de urea, un componente con propiedades suavizantes común en cremas hidratantes, y del aminoácido guanina, con beneficios hidratantes e iluminadores. «Es importante aclarar que estos tratamientos utilizan excrementos purificados y modificados. No se trata simplemente de recoger excremento de pájaro de la calle y frotárselo en la cara», aclara el especialista.
Los expertos también destacan que muchos estudios sobre estos tratamientos fueron financiados por la industria de la belleza o realizados por científicos empleados directamente por estas empresas, lo que requiere considerar los hallazgos con una mirada crítica.
